miércoles, 16 de octubre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Me llamo Septiembre

Septiembre puso la bruma y empezó a volar. Se perdió pronto por el horizonte, tan rápido que no me di cuenta. Se fue huyendo del frío que penetró en esta cárcel de huesos y más huesos, en esta yerma desesperación de dioses muertos y razones para no creer en nada.


Ahora Octubre baila en mi lengua como un pájaro encadenado con miedo a que vengan a por él.

Me vendría bien una ayuda, pero Septiembre está muerto.