jueves, 9 de agosto de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Garabato de un hombre que espera

"El hombre siempre piensa que lo que a los demás les pasa no le pasará a él", decía su viejo televisor, cuyo sonido retumbaba a través de las grises paredes de su casa abandonada.

El sonido del televisor le despertó, sacándole de sus cotidianas pesadillas, sus únicas compañeras desde hacía algún tiempo.
Aquel era un día más para cualquiera, distinto a los demás, pero solo, como todos.

Despertó en el lado de la cama de ella, con las sábanas manchadas de vino, ceniza y la triste locura de quien solo puede esperar, coleccionando días intactos que ofrecer al cielo a cambio de su regreso.
A través de las ventanas todo era negro, hacía mucho tiempo que la claridad se había mudado lejos de allí, quizás a un lugar donde la gente aun soñaba, desde luego, lejos de aquella casa.
Se levantó de la cama haciendo un gran esfuerzo por sostener sus rencorosos huesos, no querían volver a caminar por la casa, no sin ella…

El tiempo caminaba junto a él a través del pasillo, tan despacio como él, tatuando el dolor de la ausencia en su piel, recordando cada historia que un día contó con una sonrisa en el rostro junto a ella, borrando los aromas del recuerdo que inundaba cada rincón de aquella casa… que ahora tan solo era un conjunto de escombros en continuo derrumbe.

Se sentó frente a la puerta, con la mirada fija en la cerradura. Y allí esperó a sentir sus pasos acercándose a la puerta, el suave tintineo de sus llaves al chocar unas con otras, el reconfortante movimiento de los engranajes dejando la puerta abierta…

Allí se quedo sentado, junto al tiempo, junto a los escombros, junto a su triste locura.
Allí se quedo sentado, esperando, un día más, distinto a cualquier otro, pero solo, como todos los demás.



domingo, 25 de marzo de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Piedras en el agua


Estoy volviendo a los garabatos más primitivos. Una condena a la que tarde o temprano hay que entregarse, con los ojos cerrados y los puños abiertos.

Y mi mayor temor en este momento es que el viaje sea demasiado corto. Rezo para estrellarme en un rincón de la mente todavía por explorar, y no pueda escapar de allí nunca más.

Y ojalá, allí dentro, una luz alumbre permanentemente un largometraje que reproduzca sin descanso mi vida y obra, que se reduzca a un desfile de idioteces, una ridícula biografía sin final. Ojalá y unos ojos en la pared me sigan allá donde vaya cargando mi agonía a cuestas. Y nunca me sea permitido frenar el constante ruido que arrolla mis sentidos hasta destrozarme por completo.

Una piedra se hunde en el rio, en lo más profundo de su cauce. Sueña con que la corriente sea capaz de arrastrarla de una forma u otra, hasta desembocar en el lugar donde nacen las cicatrices. Y ahora lo entiendo, las cicatrices se convierten en una pesada carga, demasiado pesada para llevarlas contigo.


martes, 6 de marzo de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Emocionalmente daltónico

Tus mosqueos me miran, animan a tus labios a comenzar la guerra. Tenerte en frente en este momento es como mirar directamente al cañón de un arma dispuesto a disparar en el momento más inoportuno. Y claro que dispara.
Estoy metido en problemas otra vez, ¿verdad? O al menos así lo siento yo, así me siento cuando pones esa cara de silenciosa desaprobación. La que no puedo soportar.

Y mientras todas esas palabras bailan en tu boca, pienso que hay un lado agradable de ti, un lado que prefiero. Un lado que se ríe y bromea de todo y de todos, un lado que adora los abrazos en cualquier pasillo del supermercado. Pero ese lado es difícil de recordar en días como hoy, en los que estas especialmente argumentativa lanzando la primera piedra.

Y si, lo siento, llegue tarde, perdí el ultimo tren y el tráfico estaba atascado. Mi reloj no estaba en hora, o quizás me entretuvieron por el camino. Lo que sea, pero no puedo volver al debate en el que dices que nada me importa. Claro que me importa.





miércoles, 29 de febrero de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Guerra y depresión

El viento se alió con tu pelo para crear aquella atmósfera tan propia de las películas en blanco y negro, siempre mudas. El ruido de botellas, las pisadas a tu alrededor, las miradas despreocupadas que no saben donde ir, pero tampoco saben perderse, la música que acaricia tus oídos sin atreverse a entrar... Todo un mundo ruidoso y exigente te grita en cada movimiento.
Pero no tiene importancia, nada la tiene cuando estas perdida en un relato demasiado viejo, y aun así, todavía desconocido.


Guerra y depresión. Cuchillos contra un alma desnuda... ¿Y que nos queda entonces? Soledad. Piénsalo… Soledad. No creo que el ser humano pueda soportar tal castigo. Porque no hay peor que sentirse solo, aun estando rodeado de gente.










miércoles, 4 de enero de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Año Nuevo

Espacios vacíos de imaginación en los que proliferan revelaciones escapadas de un desagüe donde se vierten discursos insípidos como "La vida es..." o "Todo lo que he aprendido de la vida...", exponiendo la sabiduría de contenedor que habéis copiado y pegado de algún largometraje cuyos minutos se aburrieron entre sí de tanto bostezar, gastando espacio de una cinta que sueña con suicidarse. O escapados de una carpeta, quiceañera aun, en los que junto al retrato del varón de turno, se dibujan frases que nada tienen que ver con Montescos y Capuletos.
Como todos los que fingís que la vida puede reducirse a un sustantivo: "Viaje", o "camino", eliminando la profundidad de algo etéreo cuyo valor muere un poquito por cada definición al uso que le otorgáis, que no son sino una triste broma sin gracia a la existencia de todo pensamiento.
La vida NO es simplemente un viaje, NO es un camino, NO es una autopista. Los relojes NO se detienen ni pierden el tiempo observando a la gente como tú, tienen mejores cosas que hacer que ver como hoy besas a ese chico perfecto y mañana estés enamorada de otro diferente, y pasado quien sabe... El cielo no se preocupa por tus estados nuevos del Tuenti en los que caben tantas "(L)" como caracteres te permitan, sin significado alguno ni siquiera para ti. Y desde luego, NO has aprendido NADA en estos años que te fueron regalados y que has desperdiciado en lo más absurdo que ese camino del que tanto hablas te ha brindado.
Aprende a escribir de una vez, respeta las normas que fueron escritas por aquellos a los que llamas viejos, ten claro contra que quieres rebelarte y si no lo tienes claro, es preferible que sigas siendo un corderito cuya máximo propósito por año nuevo es seguir disfrazando su insulsa vida con mas discursos sin interés.