miércoles, 25 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Grito de guerra de un nostálgico

La noche se ha colado por las ventanas inundando de malestar las paredes de mi casa. La noche nunca viene sola. Ha traído consigo los reflejos de su silueta bailando, arrasando con mi casa vacía, como un tornado en un desierto. Y sin embargo, hace un instante, desde mi balcón podía ver el horizonte besando a la ciudad, pero apenas duró un momento. Después, nada.

Suele ser a esta hora cuando encuentro las palabras que reconozco como mías, quizás sea porque el mundo se calla para mí. Esos instantes de lucidez en los que aprendo a pescar en el mar en el que estoy atrapado, y el hambre que tiene mi conciencia se calma como mejor sabe, devorándose a sí misma.


La noche me ha tatuado en la cabeza la mentira nº 1.000.000: “Te dijeron que eres especial. ¿Te acuerdas? No fuiste al único que se lo dijeron. Resulta que todos somos especiales. ¿Qué tiene eso de especial?”


lunes, 16 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Emocionalmente daltónico II

Disolverse con la lluvia para ser arrastrado río abajo o arder junto a un sol azul. Tirar del hilo de los días felices para rememorar aquellas noches blancas o vender tu levedad al peor postor y vaciarte. Huir de las respuestas que no quiero escuchar… huir incluso de mí mismo. Eso me es sencillo.

Soy la persona que conozco desde hace más tiempo, después de todo, debería conocerme bien. Y sin embargo me siento un completo desconocido. Me sorprendo de las decisiones que tomo, jurándome y traicionándome a mí mismo. Entonces... ¿cómo pretendo conocer a los demás? ¿Cómo puedo confiar en otros si no confió en mi mismo? No tiene sentido.

Me hago preguntas, y las respuestas que me doy me intrigan. Pero sobre todo, son las respuestas que no quiero darme o las preguntas que no quiero hacerme las que me obsesionan. Como un ser emocionalmente daltónico que no acabará en ningún sitio agradable.


Sé que no puedo estar toda la vida pensando mi próximo movimiento. Tarde o temprano me tocará mover ficha. Para bien o para mal. Aunque, si de algo estoy seguro es de que no existe el bien o el mal, solo hay opinión popular.



martes, 10 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

El soñador que no sueña

Dormir para apaciguar al alma silenciosa que deja escapar fragmentos de lo que antes era una vida. Dormir para no ver lo que pasa fuera, para no sentir lo que pasa dentro. Caer al infinito de espaldas, sin mirar, y dejar todo pasar. Cuando estas dormido todo se olvida.

En ocasiones, los sueños aprovechan tu debilidad para jugar contigo al depredador y la presa. Pero lo importante no es correr más que quien te persigue, sino correr más que las demás presas. Salvar tu piel una vez más. Como si fuera la última vez, o la primera.

Quizás, lo más dulce de dormir sean esos segundos justo cuando te despiertas, y no recuerdas donde estas ni cómo has llegado allí. Apenas un instante en que no sabes si el sueño era realmente la realidad, que no sabes que problemas tenías antes de dormirte.

Dormir para perderle tiempo a la vida. A veces puede ser ganar.


Ahora quiero dormir.



sábado, 7 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Tu corazón se pinta los labios y sale a bailar

Te quiero tan salvaje como puedas ser. Con los labios rojos, desafiando las ventanas indiscretas, dejando bocas abiertas a tu paso. Haciendo hablar a mis vecinas mientras devoras los días de lluvia.

Quiero que lleves la bandera del inconformismo, esa tormenta que va cuesta arriba y que te enseñó a pelear, a golpear cada vez más fuerte. Que sigas siendo la chica que sueña que aún se puede soñar, zambullida en el mar de la contradicción. La que salta por su ventana y es capaz de volar, de llegar al desierto y esconderse allí de la rutina.

La que tiene malos hábitos que no quiere domesticar, y consigue que el Sol agonice en su intento de brillar más que tú.

Te quiero tan salvaje como puedas ser. Y sin embargo, te quiero para mí. No sé como podemos hacerlo. Pero una cosa esta clara… Eres tú.



miércoles, 4 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Nada significa nada


Una vuelta, otra y otra más. Y siempre vuelvo al mismo lugar. Corriendo delante de esa marabunta de recuerdos que, cada vez más a menudo, arrasan en mi cabeza destruyendo lo poco que soy capaz de construir sin ti. Empañan los cristales de mis gafas y no me dejan ver lo que tengo delante. Ni siquiera estoy seguro de que haya algo delante. Quizás no haya nada.

No vivo el presente. Hace tiempo que no lo hago. El pasado me dejó marcado el camino que he de seguir, y el futuro esta tan nublado que no puedo ver más allá de este pedregoso camino en blanco y negro.


Que ya no hay primavera ni verano, ni noches estrelladas, ni verde en la hierba, ni azul en el cielo. Que ya no hay nada. Y nada siempre es toda la verdad. Nada significa nada.