martes, 22 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Paraíso en rebajas

Se hicieron promesas, se rompieron corazones. Esto siempre funciona igual. No importa la persona, el modo o el verbo. Solo importa el cómo, el momento exacto, el puto lugar donde todo pasó.
Un libre y macabro albedrio que nos lleva dando bandazos a través del infierno o del paraíso. Depende del lado donde haya caído la moneda. Cara o cruz. Depende de la casualidad.

Vivimos en la tierra prometida, durante algún tiempo. El peregrinaje perfecto para dos locos. Pero ahora, la tierra prometida esta en rebajas, y los buitres aprovechan para descuartizar nuestro jardín. La felicidad no era una opción, solo la encontramos por casualidad. Y la perdimos de la misma manera.

El hambre ha entrado por la puerta. El amor ha salido por la ventana. Y ahora, todo es trágicamente imperfecto. Como una cerilla que se encendió y aguantó el temporal, pero tiene miedo que ser tan solo ceniza ahora que se acerca el trágico final.



viernes, 18 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Enfermo de soledad

Amanezco. Más muerto que vivo. Será por las copas de más que tome anoche. Será por el vómito que deje al lado de la taza, que me mira con desaprobación. Incluso él me juzga. Lo veo lógico, en estos momentos, es más persona que yo.

Mi estómago se ha dado la vuelta para no mirarme más. Joder. La ceniza invade mi habitación, ha conquistado su territorio en medio de esta pequeña muerte que sonríe cuando me miro al espejo. Bravo, lo has vuelto a conseguir: me odio.

Si tengo que ser sincero, siempre me quejo de la falta de compañía, pero si tengo que ser más sincero aun, no quiero compañía ninguna. Porque os odio. A todos.

Porque soy un crío que juega. Juego a que quiero tu teléfono. La gran aventura de ir a la discoteca y gustar a una persona en tan solo dos minutos. ¿Te has fijado en mí? Estupendo. Es como buscar en la basura un poco de cariño que alguien tiro porque le sobraba. Recogerlo y usarlo hasta que se gaste. Y dura eso, dos minutos. Después vuelves a mirar y no queda nada. Porque no te llamaré jamás. Ni tú quieres que te llame. Eres tan víctima como yo de este crimen desalmado de indiferencia indiscriminada.

Hace ya mucho tiempo que se terminaron mis ganas de comerme el mundo. Porque querido, tú no le gustas a nadie. Eres feo y tu madre te viste mal. Pero has visto en los anuncios de televisión que tienes que sonreír, sonreír siempre. Es la única manera de que alguien se fije en ti. Y no os voy a engañar, alguna vez sonrío con fuerza. Sonrío porque ella, una vez, me dijo que era el mejor. Y ella era como Cleopatra incitando a Julio César a conquistar el mundo, sabía convencerte. No sé cuántas veces podré recordar aquello y sentirme el hombre más fuerte del mundo, pero mientras pueda, seguiré repitiéndomelo.

No me juzguéis. No soy un iluso. Todo lo contrario. En el fondo de este pozo de mierda en el que vivo veo la terrible verdad que me atormenta por la noche y desayuna conmigo a la mañana siguiente: No hay sensación más dolorosa que la de ver como otro hace feliz a la persona que amas.

Y así es como esto terminará. Esa será la frase que pondrán en mi lápida. Mientras tanto, me seguiré engañando como mejor pueda.


martes, 15 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Europa se congela

Europa se congela. Los más absurdos dicen que el invierno se acerca. ¿Y a quien le importa todo ese circo? Ciertamente, Europa seguirá donde está cuando tu desaparezcas. 

De todas formas, a mi no me va luchar por las buenas causas. Por las otras tampoco. A mi me va la apatía, pudrirme bajo el imponente sol manchego y acercarme al paro cada tres meses. Lo mio es navegar en un mar de odio que se hace mas profundo a medida que aprendo. Y quizás un cigarro más. Eso estaría bien.

Querida civilización occidental: Quiero que sepas pase lo que pase con mi vida, si consigo morir a 10 Km de donde nací, lo consideraré como una victoria.




viernes, 11 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Lo malo y lo peor

¿Acaso no lo veis? La mayoría de las personas que han llegado al cuarto de siglo ya están acabadas. Ya han escogido el camino para su futuro simple y acomodado. Se conformaron con elegir entre lo malo y lo peor, hasta que al final no queda nada.

Tenemos un maldito país lleno de gilipollas que conducen coches como locos, que comen hasta reventar. Tenemos un país de niños que traen otros niños al mundo, niños que pegan a sus profesores, que votan sin criterio y que solo salen a la calle cuando el fútbol lo pide. Un país de niños, al fin y al cabo.

Cada vez tengo menos interés por todo esto. Parece que nada vale la pena. Y lo peor es que no sé cómo voy a escapar de aquí. Veo sus caras, a pesar de todo, algo les ha engañado lo suficiente para que piensen que la vida tiene algún aliciente para seguir andando hacía la nada. Es como si ellos comprendieran algo que a mí se me había escapado.

Tarde o temprano llega el momento de empezar la huida. Solo me falta saber hacía donde. Pero una cosa esta clara: No me dejarán huir tan fácilmente. Ya lo intentaron otros y fracasaron. Al menos no tuvieron que elegir entre lo malo y lo peor. Quizás con eso, sea suficiente.


jueves, 3 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

The End

Filosofar es otra manera cobarde de tener miedo a la vida. Solo conduce a simulacros de un insignificante que duerme.

En realidad, no hay mucho que explicar de la vida. El mundo solo sabe matarte poco a poco mientras tu duermes y dejas en manos del destino lo que solo tu puedes hacer. Y esa es una muerte muy tonta, pero como la de todo el mundo.

Confiar en las personas es ya dejarse matar un poco.

Al menos, en mis pesadillas estoy a salvo.