viernes, 11 de diciembre de 2015 | By: Samuel Rodríguez Alonso

220 días (No hay nada bueno en mí)

Hacía 220 días que no salía de aquí, no me preguntes la razón que me llevo a ello, porque no sabría que contestarte. No me preguntes si después volveré a esconderme de las pesadillas que duermen en mi rellano, esos que llevan un cartel con mi apellido y que esperan para llevarme a donde no quiero ir.

Es mejor que no me preguntes nada, que no llames a mi puerta si ves que todas las luces están apagadas y las ventanas siguen sucias desde la última tormenta. Tal vez haya vuelto a coger un libro de Bukowski y haya bajado a por un poco mas de tabaco. No me pidas dinero, no me pidas que te preste un libro, ni que te lleve en coche a ningún lugar. No preguntes que hizo que no escribiera en 220 días.

Si quieres abre la nevera y prepara algo de cenar, haz sitio en el sillón y enciende la radio. Puedes dormir aquí si no haces demasiado ruido. 
Háblame de ti, de tus momentos difíciles, distráeme querida. Distráeme para no pensar en como aguantar aquí un poco más. 

Lo que intento decir es que si vienes a visitarme y no contesto, es que no contesto. No contesto porque todavía no estoy listo para salir. No estoy listo para matar, o amar, o hablar. Ni estoy ocupado, ni enfadado, ni contento; la razón es que no es el momento. Da igual que oigas ruidos de televisores y antenas, de bañeras a punto de rebosar, de respiraciones confusas o acordes de músicos que no saben ya que decir. Da igual, es mejor que te vayas. No era el día idóneo, ni la noche, ni el mes, de hecho, no lo ha sido en 220 días. No vuelvas a casa preocupada, son mis ciclos de ansiedad, nada nuevo.

Querida, no vengas hasta que la cuerda deje de apretar, hasta que el mundo se haya detenido, para siempre.