lunes, 20 de diciembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

No le temo al fuego pero si a las cenizas.

Bajamos las escaleras y salimos a la calle. La luna seguía donde la dejamos, escribiendo el guión de la noche.

Hacia algunos días que habíamos decidido empezar de nuevo. Nos volvieron a engañar los te quieros, como si fueran el lenguaje universal del amor. Vendimos confianza, compramos ilusión… volvimos a comerciar con nuestros sentimientos. Por supuesto, nos volvimos a equivocar. Teníamos la manía de prometer cosas que no podíamos cumplir.


Cruzamos todas las calles que guardábamos en nuestros recuerdos, entramos en nuestro antiguo bar, volvimos a ocupar aquellas viejas sillas, testigos de cómo cada noche llenábamos las horas de simples conversaciones… testimonios de cómo el mundo se puede comer si lo haces con la persona adecuada. Éramos expertos en desnudar nuestros ojos con palabras.

Cegados por nuestra negligencia sentimental reintentamos volver a volver, recuperar lo que se perdió en la oscuridad de los inventos que nunca llegaron a volar. Miramos nuestras vidas a través de un falso espejo, ¿qué vimos al otro lado? Felicidad robada de finales de Hollywood. ¿Qué había realmente? Sufrimiento. Sufríamos. Los dos. Intentábamos cambiar la forma de ser del otro porque nos hacia sufrir, no éramos felices si el otro no vivía tal y como nosotros queríamos. Sufríamos porque no vivíamos de la manera que el otro quería… Y no hay salida digna de una situación así.
¿Cómo es posible que después de miles de años de progreso aun no sepamos amar?

Allí estábamos los dos, cubiertos por aquella noche que vino sin estrellas, sin respeto a quienes intentaron cambiar sus destinos y fracasaron.
Y la bestia contempló el rostro de la bella, y la bella le detuvo la mirada, porque sus ojos revelaban una verdad que no quería aceptar: que nunca podrían estar juntos.
La bella dio media vuelta y se marchó entre sollozos ahogados, y la bestia se quedo quieta en mitad de la calle.
Y no sonaron violines con tristes melodías… tan solo el silencio inundó la avenida. Esto era la vida real.
lunes, 6 de diciembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Si puedo vivir sin ti, si hay manera



La primera vez que ella me miró, parecía que nada en el mundo podía preocuparla. Como si el fin del mundo fuera a saberle a poco. Era fácil enamorarse de una mirada como aquella.
Mi vida se convirtió en un juego. Y era agradable, ¿a quien no le gusta jugar? Pero el calendario tenia marcados los días que duraría la diversión. Y cuando llegó al final, empezaron los problemas.
Nunca soporté los pequeños malentendidos, los enfados por tonterías, los momentos incómodos, las peleas, los portazos y las voces más altas que otras. Nunca aprendí a decir lo que tú querías oír. Nunca soporte las relaciones.
Me propuse olvidarla. ¿Cómo se olvida a alguien?, ¿acaso el olvido es un acto voluntario?, ¿o es como el latir del corazón?... ¿Lo controlamos? Solo sé que cuanto mas quería olvidarte, más pensaba en ti.
Estuvo en mis manos arreglar lo nuestro. Era tan fácil como pronunciar aquellas dos famosas palabras. Pero.... Yo siempre desconfío. Construyo murallas a mí alrededor y no dejo que nadie entre. No permito que nadie llegue realmente a conocerme, ni que llegue a importarme demasiado. Tengo mis buenas razones, como todos supongo. Pero antes o después hay que aflojar. O si no, tus propias murallas te ahogarán. Ahora es demasiado tarde para solucionarlo.
El aislamiento siempre fue mi salida favorita. Cerrar las ventanas del alma y las puertas del corazón, no dejar que se escapen sentimientos por la rendija de las relaciones humanas. Abandonar las emociones a su suerte.
Y es que no puedo seguir jugando a este juego. Todo lo que construimos juntos… ¿Dónde esta ahora? Desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Cambió la dirección del viento y de repente ya no queda nada.
Ese es el problema de aferrarse a las personas, que cuando se hayan ido, también desaparece una parte de nosotros.
No volveré a decir que te necesito por mucho que mi corazón acuchille mi pecho. No volveré a malgastar palabras. Me pediste que te olvidara y te olvidé.
lunes, 29 de noviembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Un SinNombre en Nunca Jamás

Esta es otra carta manchada de añoranza del pasado. Una carta de lamento por no haber nacido a tiempo para vivir aventuras y misterios, perdernos en bosques encantados habitados por peligrosas brujas, navegar por los 7 mares en busca de tesoros perdidos, defender princesas cuyas sonrisas hechizaban a todo hombre y pelear contra dragones que escupen fuego como aquellos caballeros andantes.
Esta es una carta sobre como la magia murió. Sobre como se extinguió todo aquello por lo que merecía la pena vivir. El tiempo que nos ha tocado vivir ha olvidado toda aventura. El destino está lejos, más allá del horizonte; las sombras refulgentes pasaron al galope hace ya tiempo y han desaparecido. La magia esta enterrada en alguna isla perdida. Yo la busco, pero no se donde voy. Temo que vaya donde vaya estaré perdido.

¿Puede ser que este equivocado? Quizás todavía quedan princesas y dragones… magia y misterios… quizás nunca llegaron a abandonarnos. Tan solo cambiaron su apariencia.
Los demonios adoptaron forma de leyes y prohibiciones. Acechan desde lo alto, vigilan que sigas las líneas que la sociedad marca, se aseguran de que gires a la derecha en los recodos dónde se nos ordenó virar a la derecha. Los dragones llevan hoy trajes de corbata y maldad, billeteras fracasadas y relojes de oro y odio.
Las princesas y los caballeros cambiaron de forma y parecer, tanto que pueden esconderse los unos de los otros e incluso de sí mismos en aquellos bosques llenos de misterio que son ahora junglas de asfalto y soledad, donde cada noche se juega a hechizar y sobrevivir.

¿Y que papel juego yo?, ¿quien soy? Lo cierto es que no lo sé, he cambiado tantas veces que ya no lo sé.
La lógica me dice que estoy loco, que todo eso se extinguió… la lógica es tan mentirosa. No es posible, no somos cenizas, ¡somos magia! Esta en nuestras manos, con nuestra capacidad para amar, dar sentido al universo indiferente.
El tiempo lo cambia todo, menos la magia. La magia siempre estará ahí. Ni se crea ni se destruye. Sólo se transforma
viernes, 12 de noviembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Dulces sueños alma gemela

Cayó la tarde. El otoño ya se había instalado en el hueco que dejó el verano, y tenía intención de quedarse. Las hojas caían con armoniosa lentitud, practicando una danza que hipnotizaba mis ojos. Los pájaros me miraban desde los tejados, se preguntaban a quien esperaba todas las tardes allí sentado. Yo también me lo preguntaba.
La plaza comenzó a bañarse de tono rojizo, como si un sol melancólico se escurriera lentamente por aquellas aceras.

¿Me preguntas que me trajo aquí? No estoy seguro. Quizás me guiaron los susurros de mis viejas fotos, quizás vi este lugar en los sueños que olvido al despertar, quizás seguí a un conejo blanco con demasiada prisa…
Lo que si tenía claro era que aquel debía de ser el día en que por fin aparecieses. No sé donde estás, ni siquiera creo que nos conozcamos. Pero sé que en este mismo instante estás pensando en mí, como yo pienso en ti. Y un día tú y yo estaremos sentados en este banco en el que estoy sentado ahora, y caerán las mismas hojas, y nos mirarán los mismos pájaros…

Se que vendrás,  porque te encuentras tan vacía como yo sin ti. Porque hay personas en el mundo hacia las cuales estamos siendo guiadas. ¿No lo sientes así? Las almas gemelas se necesitan mutuamente, y de una manera u otra acaban encontrándose.

Hoy la coincidencia o el destino te traerán hasta esta plaza. Guiada hasta aquí, sin saber muy bien porque, con curiosidad por contemplar una página aun viva de nuestra historia. El resto lo escribiremos nosotros, serán brillantes pinturas enroscándose en el aire al azar.
Entrarás en mi vida como si siempre hubieras estado allí, porque siempre formaste parte de ella. Estaremos llenos de un futuro y un pasado, y seremos el uno para el otro como nadie lo ha sido jamás. No tengo nada pensando para el futuro, solo quiero respirar, a tu lado.
Ahora no podemos encontrarnos, ignoro porqué, pero algún día nuestras preguntas serán respuestas y nos veremos inmersos en un sueño hecho realidad…


Finalmente el sol gastó su último aliento y se marchó llevándose su perfume de atardecer. Las farolas despertaron. Debía ser ya la hora de volver a casa.
Por el camino comenzó a llover. En mi interior ya diluviaba desde hacia tiempo, el invierno siempre se anticipaba aquí dentro.
¿Sabes que, querida alma gemela? Me conformo con que te quedes a mi lado 5 minutos y luego 5 minutos más... y 5 mas después... Mañana. Mañana será el día. Volveré a esperarte en aquel banco. Aparecerás.
viernes, 5 de noviembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Espectáculo sin censuras

Sean todos bienvenidos a mi teatro. Hoy me complace presentaros el drama entre la mentira, la falsedad y el "por el interés te quiero Andrés". Espero que disfruten.

En esta obra todos somos actores. Llenamos el escenario de secretos que no son tan secretos, que todo el mundo sabe, y les damos alas. De esta manera se cruzan unos con otros constantemente. La vida y la muerte bailan alrededor de los puntos en los que se juntan. Y nosotros nos movemos con ellos. Entre mentiras que son mentira, y verdades que se esconden en los callejones que nadie visita, verdades demasiado cobardes.

Cada actor de esta obra posee su propia debilidad. A lo largo de nuestro camino nos tropezamos siempre con la misma piedra. Siempre la misma. Una piedra que lleva nuestro nombre y dirección, que fue fabricada a medida para nosotros, y con la que tropezaremos toda nuestra vida. Día tras día. Aunque pensemos que lo hemos superado, el pasado siempre sabe como encontrarnos.
Porque estamos condenados a cometer siempre los mismos errores. Estoy tan convencido de que nunca se aprende del pasado... de que nada cambia ni cambiará...
Si algo he aprendido hasta ahora es que resulta del todo ingenuo pensar que una persona puede cambiar. Y si hay algo que deberíamos tener muy aprendido ya es que no se puede borrar el pasado. Ni siquiera se puede cambiar. Así que empieza a pensar antes de actuar.

Me resulta todo tan caótico, tan confuso y extraño... ¿Que espejo refleja verdaderamente la realidad? Odio este juego al que llamáis "¡Así es la vida!". Me hace sentir como el marinero perdido en el desierto, de que todas las dunas se ríen.

jueves, 28 de octubre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Fly without parachutes

Llamó a mi puerta la tristeza una mañana gris de Noviembre. Abrí, y la saludé con una sonrisa torcida. Ella se puso cómoda en mi hogar. Al fin y al cabo se trataba de una vieja amiga.
Le hablé de ti, de mí, de los días que vienen y se van, del ruido de la hierba al crecer, de las fuentes que manan siluetas de un pasado incierto. Le conté que hoy era uno de esos días en los que no soporto nada ni a nadie, en los que detesto a la raza humana y no me aguanto ni a mi mismo. De esos en que mezclo melancolía y whisky, y bebo de un trago.
Esa clase de días en que las ventanas abiertas me miran fijamente, invitándome a saltar, lanzarme al vacío y volar sin paracaídas, como las hojas mustias que se precipitan al suelo llegado el otoño. Desaparecer. Evaporarme con las nubes, llorarte entera hasta que desaparezcas de mi interior, enamorarme del mar, empujarlo con mis propias manos, hacer que se esconda. Perderme como una gota en el océano...
Esta visita se debía a una razón, siempre hay una razón. Ella no comete errores. Todo lo que nos pasa a lo largo de la vida, lo atraemos nosotros mismos, y por desagradables que nos resulten, se trata de acciones necesarias para aprender a caminar por este mundo erguido, llevando tus sueños a cuestas; todos los pasos que damos son necesarios para llegar al ocaso en el que estamos destinados a naufragar.
Y yo derrapo por el camino de los amargos tragos. Sacrifiqué mi propia felicidad para sentirme orgulloso de mis actos. Como un héroe de pacotilla.
Si pudieras ver a través mis ojos... y si yo pudiera ver a través de los tuyos... ¿Seriamos los mismos?
viernes, 15 de octubre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

La libertad de las estrellas fugaces

Apaga el reloj. Esta noche es solo nuestra. Viajaremos a través del tiempo, de las discusiones, del miedo y las mentiras. Cierra los ojos. Te llevaré lejos de los laberintos de asfalto, de los edificios grises, de todo este ruido que no nos comprende. Aunque solo sea por esta noche, déjate llevar. Nos vamos de viaje a la intimidad del dulce deseo, olvídate de las maletas, de los prejuicios y de todos los complejos que arrastras, nada de eso te será útil en el lugar al que te llevo. Allí la música es un laberinto de colores sonoros, un laberinto deslizante, palpitante, que nos conducirá, a través de caricias prohibidas, a un nuevo mundo todavía por conquistar, donde tu perfume es algo más que un perfume: es sol, un millón de soles que nos bañan el rostro; donde los acordes vienen acompañados de nuestros recuerdos y beben mas vino que tristezas.
Como dos barcos que se encuentran en la niebla, tú y yo nos encontraremos entre la arena de la playa de tus sabanas.
Pensarás que estoy loco, pero los locos son todos ellos, los que eligen jugueteo en lugar de verdadera pasión, los que se conforman con algo indoloro, incoloro, insípido...
Esta noche todo lo que quieras soñar es posible. Tan solo confía en mí. Debemos aferrarnos a todo el amor que podamos en esta cruel existencia. Puede que esta felicidad no nos dure para siempre, pero para siempre será nuestra.
Siempre serás mía, siempre y nunca. Para estas cosas no existe el tiempo.
martes, 5 de octubre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Expuesto al llanto, a la nostalgia, a la risa y al dolor

 
Toda reflexión que trate sobre el sentido de la existencia no tiene más remedio que concluir con la famosa búsqueda de la felicidad. Y es algo de lo que estoy completamente convencido. Somos seres creados para inventar sonrisas nuevas cada día, para guardar las tardes de sol y el olor a tierra mojada, para merendar chocolate con trocitos de caricias... en fin, para hallar la felicidad. Pero no podemos ser felices solos, también deben ser felices las personas que tenemos alrededor, las que queremos y comparten nuestros días. Se trata de un concepto de colectividad.
¿Por que existe la infelicidad? Verás, todo está en nuestra mente. Todo lo que sentimos es una ilusión. Las personas que no son felices, no son felices porque han elegido no serlo. Y eso no tiene nada de malo.
En verdad, no podemos morir ni podemos herirnos, pero nuestra mente si puede creer que estamos heridos, y puede creerlo con todo tipo de detalles, puede producirnos tanto dolor como seamos capaces de imaginar, tanto sufrimiento como nos plazca a nosotros mismos. Podemos convencernos de que somos victimas de la mala suerte, que el destino nos dio la espalda. Podemos ser cobardes. Pero no merece la pena.
miércoles, 29 de septiembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Roma arde


Aquí os presento otra diatriba empapada en cerveza.
Siento que mis palabras están ya gastadas. Lo único que puedo hacer es volver a juntarlas esperando que digan algo nuevo.
Intento buscar explicaciones para esta crisis de fe. Pierdo el tiempo buscando un porqué. Pero a veces no existe. Y por triste que parezca, esa es precisamente la explicación.
Y quizás no tener fe en lo que hago no sea tan malo. Puede que salga algo más interesante que si mi mente estuviera ciegamente absorbida por la causa a la que estoy destinado. No digo que tenga razón afirmando esto. Digo que yo soy así.
Crisis aparte, seguiré siendo como soy porque no se ser de otra forma. Seguiré intentando superar las barreras que me inmovilizan. Chocaré contra la pared las veces que sean necesarias hasta que encuentre la puerta. Ganaré la partida contra mi mismo. Utilizaré mis siete vidas.
domingo, 26 de septiembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Que no te duerman

 La tormenta acabó por destrozarme, por enmudecerme. Mis palabras cayeron desplomadas en el combate. Perdí. Bajé el telón.
¿Y ahora? Ahora me encuentro con las manos cruzadas, organizando mis soledades por fecha de caducidad, recogiendo los sueños que nadie quiso y que el oleaje arrastró hasta la orilla. Estoy demasiado hundido para gritar y patalear, sólo siento la mordiente y salvaje tristeza de otra cosa buena que he perdido para siempre...
Duermo. Me sumerjo entre caladas hasta que mi cuerpo quede frió, sin vida. Y solo sus manos pueden sacarme de esta pesadilla, de ese instante de los dibujos animados en que la gravedad espera a que el coyote se dé cuenta de su error antes de caer en picado al vacío.
Despierto. Abro los ojos en mi cama y ella los abre en cualquier otro lugar que yo que desconozco, en el que, como todos, buscas ser más feliz.
Y la realidad es tal y como yo creía, no somos tan imprescindibles. Podemos acabar solos.
domingo, 19 de septiembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Que disparate de partida de ajedrez...



Decisiones. La vida esta plagada de ellas. Descartarmos posibles caminos en esta inmensa autopista de lágrimas y soledad en la que fuimos abandonados a nuestra suerte, sin que nadie nos enseñara como sobrevivir, donde unos van y otros vienen, pero nadie se queda parado. Si paras, no podrás volver a empezar.
La mayoria de las decisiones que tomamos son sobre asuntos triviales, pero es precisamente en estas ocasiones en las que nos definimos a nosotros mismos. De hecho, como seres humanos, somos la suma de todas nuestras decisiones, de todos los arco iris que arrancamos al cielo y de todos los truenos que lanzamos avenida abajo.
Pensamos que la vida es un juego, y jugamos unos con otros en una guerra de decisiones que nos afectan a todos, aunque no siempre seamos conscientes de las consecuencias de nuestros actos.
martes, 14 de septiembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Insolente felicidad


Tal vez encuentre la felicidad en el fondo de un cenicero, entre la basura de todo aquello que desprecio o en los restos de las cartas que nunca te escribí. O a lo mejor se esconde entre tus sábanas, en aquella tarde soleada que guardo en mi bolsillo para ti y para mi, o en todos aquellos momentos que, juntos, de la mano, te llevé al fin del mundo. No tengo ni idea.
Tan solo quiero llegar a ser alguien de quien podáis sentiros orgullosos, esquivando la tentación de inventar ninguna falsa historia, tan solo tratando con la verdad.
Tal vez algún día llegue a ser quien sueño ser. O tal vez ya lo sea y no me haya dado cuenta. Pero eso ya es otra historia, la mía propia... Y es que la felicidad no existe, solo existen pequeños momentos agradables que se nos escapan rápido, que son pasajeros, efímeros; y es precisamente esa condición de fugacidad lo que hace que merezca la pena perseguirlos de por vida.

La vida es roja si te vas

Aquí estoy, entre vosotros, mi boca esta abierta, como las vuestras y ni siquiera puedo decir te quiero... el valor de esa palabra pasa por morirse entre alfileres de budú, torturada por tantas falsas guerras. Ellos hablan mal de mí, me vigilan y mean en mi lápida. Al menos ellos pueden decir te quiero.
Llegue a tenerlo todo, incluso el sol... pero mírame ahora, hasta mis restos desaparecieron, dejándome como un músico sin música. Sin te quieros.
Piénsalo, un gato en un árbol puede movilizar un camión de bomberos, puede ser la última crónica de las noticias o incluso tener un grupo de seguidores en Facebook. Yo no puedo hacer nada. Pero al menos estoy seguro de que de verdad sabes que te quiero.

El futuro nos tortura y el pasado nos encadena

No se para que han nacido los hombres. Quizás solo para tumbarse y dejar que pasen las horas, para perder el tiempo y esperar. Esperar a los demás. Esperar que la chica de tus sueños se acerque a ti para decirte que dejes de buscar. Esperar que te toque la lotería. Esperar la paz mundial. Perder el tiempo.

Otra historia de amor

Yo me siento en el sofá a ver el fútbol. Tú me pides que salgamos de paseo. Yo te ignoro, eres tan insoportable... Entonces me echas cosas en cara, sabes bien como hacer que tus palabras acuchillen mi alma, mi conciencia. Y es algo que envidio, tú siempre pareces tan despreocupada, masticando tu chicle, masticando mi paciencia… No se como ni porque aun seguimos juntos, haciendo el tonto.
Y después de todo este tiempo arrastrando lágrimas por la almohada, decidí escribir para ti. Y aquí lo tienes, otra absurda historia de amor, una historia donde dos personas juegan a hacerse daño, un juego donde ninguno gana y los dos perdemos. Y es que todos nosotros estamos tan desesperados por sentir algo, cualquier cosa, que seguimos chocando unos contra otros y jodiéndonos el camino hasta el fin de los tiempos.

Recuerdos sin fecha de caducidad

La historia de la melancolía nos incluye a todos, yo me he acostumbrado tanto a la melancolía que la saludo como a una vieja amiga.
Me retuerzo entre las sábanas mientras fijo mi mirada en las paredes... y nada. Joder, hoy tampoco puedo dormir, ahora tendré una perfecta noche de viejos recuerdos que nunca se deshicieron. Porque antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan. Y las cosas más estúpidas son las que recuerdas como las más bonitas, porque su simplicidad no tiene comparación, haciéndolas simplemente perfectas.
No hay nunca un porqué para un recuerdo; llega de repente, así, sin pedir permiso. Y nunca sabes cuándo se marchará. Lo único que sabes es que lamentablemente volverá... o no. Y eso me hace sentir realmente mal, triste. Y me dan ganas de gritar para romper este silencio que me hace daño.
Entonces me levanto a beber agua, como si ese estúpido acto fuera a ser la solución de mis problemas. En efecto, no he resuelto nada.

Envasado al vacío

Pensé que te había visto sentada en mi mesa, bebiendo de mi copa, pero fue solo un espejismo, ella no eras tú. Ella estaba cerca, tan cerca que las paredes se mojaron, pero mis posibilidades llegaron a su fin cuando le pregunté, de forma terriblemente cortés, si la podía llamar por tu nombre...
Esa noche alargué mi regreso a casa, ya que los atajos se habían vuelto en mi contra opté por el camino más largo, para escuchar los consejos que la carretera guardaba para mi.

A solas con todos vosotros

Os contaré como funciona esto. Primero huesos, luego carne. Algunos llevan dentro cerebro y los más afortunados alma.
Las mujeres analizan los detalles y los hombres ni siquiera se analizan a si mismos. Nadie encuentra al otro en este bosque, pero siguen buscando de cama en cama.
Y no hay más alternativas: estamos todos atrapados por nuestros propios actos. Nadie encuentra jamás al otro.
Los bares se llenan, los hospitales se llenan, los cementerios se llenan, los basureros se llenan, pero nosotros no nos llenamos.

Yo no escribo letras, las letras me escriben, me dibujan...

Solías ponerte lo primero que pillabas, ahora solo te pones ropa para deslumbrar. Aquella sonrisa tan espontánea sufrió, y entonces empezaron las complicaciones, la vida cambió, y los problemas empezaron a tener importancia, pero no te preocupes, que todo está en orden dentro del agujero negro al que llamamos vida.
¿Recuerdas cuando hacías las cosas solo por el placer de hacerlas? Lo cierto es que nada parece ser tan bonito como cuando éramos críos, disfrutando de aquella verdadera felicidad... pero... entonces, si fuimos tan felices, ¿porque seguimos viendo el chupito de tequila medio vació, sabiéndonos a poco?
Los chicos que fuimos... es lo mejor que hemos tenido, tus recuerdos lo saben bien. Y todos esos sueños que teniamos ahora no parecen tan ridículos, porque ahora los soñamos despiertos.
Mientras el mundo se aferra a no volverse sentimental yo cambio de carril. ¿Te imaginas poder empezar de nuevo? ¿Volver a ser aquel niño?

Mis manos

A veces me miro mis manos y me doy cuenta que podría haber sido un gran pianista o algo así. Pero, ¿Qué han hecho mis manos?. Rascarme, atar zapatos, tirar de la cadena de los inodoros, etc. He desaprovechado mis manos. Y mi mente.

Insomnio hasta el amanecer

Esta amaneciendo. El ruido nace. Las almas se arrastran. La luz perfora mi ventana. Mis pensamientos comprimidos pretenden escapar de la jaula, quieren desatar la tormenta, no quieren dormir.

El vals de las miradas

Mírame. Basta con una sola mirada para percibir esa complicidad creada entre nuestros ojos, que conocen cada secreto que intentamos esconder, cada rincón que nos sirve de refugio, que se comunican en silencio, que saben expresarse mejor que todas las palabras, que son muchísimo mas sinceros que todos ellos... porque los ojos nunca mienten. Y, ¿para que nos vamos a engañar? Porque no hay nada más bonito que mirar tus ojos.

...

Esa noche mis pensamientos vagaban hasta el cielo y no encontraban nada donde rebotar, simplemente se alejaban más y más hasta que nada parecía real. Ni siquiera los pensamientos. Ni siquiera el pensar.

:)

Cierro los ojos. Miro en mi interior. Encuentro palabras que nunca te mintieron, recuerdos tatuados en mi memoria, notas musicales que huelen a ti, imágenes dibujadas con tu pintalabios... Junto todo lo que encontré, cada trocito que guardaste dentro de mí, que lleva tu mirada incrustada. Uno cada ficha del puzzle, y una vez unidas todas, te tengo aquí, a mi lado.
Ahora, brindemos. Brindemos por todo que nos queda por hacer. No importa el lugar ni la hora, solo importamos tú y yo.

Odio el verano

Odio los mosquitos y su extraña atracción por mi, odio el sudor y quedarme pegado en la silla del ordenador, odio cuando hace más calor que follando debajo de un plástico, odio las moscas que revolotean acabando con mi tranquilidad, odio tener que montarme en el coche cuando se ha tirado toda la puta mediodía al sol, odio la aglomeración masiva de personal que invade piscinas y playas, odio parecer gilipollas cuando una avispa esta cerca mia e intento espantarla sin perder la dignidad por el camino, lo cual es imposible ya que tengo yo más miedo de ella que ella de mi, odio que las zapatillas me hagan rozaduras mortalmente escocedoras (¿existe esa palabra?), odio el agua caliente, odio irme de botellón y que el hielo desaparezca antes del 2º cubata, odio la canción del verano (la odio mucho, mucho…), odio a los típicos horteras que a pesar de llevar aire acondicionado en su coche, abren las ventanillas para que escuchemos su mierda de reggaetón (o la puta canción del verano), odio a aquellos que pasan de ducharse, sustituyendo esta acción por la de rociarse con 3 kilos de desodorante y/o colonia, lo cual mezclado con su pestazo puede derribar estadios, odio tomar el sol y ponerme moreno, odio quitarme ropa y seguir sudando como un pollo, odio la playa y su fauna característica (medusas y guiris, no se que llevo peor). ¡¡A mayor temperatura, más ganas me dan de matar!!

Soñando en voz alta

Esta noche estoy enredado entre tus sabanas, mirándote mientras duermes lo veo todo mas claro: hay cosas que no haré sin ti.
Siempre que me necesites, mira hacia atrás, estaré caminando detrás de ti.

Y el tiempo se paró...

Y el tiempo se paró... los minutos nos esperaron, nos dejaron a solas y todo lo demás dejó de importar. Paramos el tiempo para no perder ese instante, para seguir volando sobre aquel pequeño torbellino de emociones, para que nuestras miradas no dejaran de mirarse y nuestras caricias no se olvidaran nunca de nosotros.
No dejaremos de volar, hacia arriba; no dejare de soñar, contigo.

Cinco.Siete

Que el sol no deje de salir por tu ventana, que esos ojos nunca estén tristes, que no pases noches sin dormir, que tu pequeña sonrisa nunca se apague, que el tiempo este de nuestra parte, que vengan más noches como aquella, que nuestros susurros no se pierdan, que nuestros pasos nunca sean hacia atrás, que nuestros escondites sigan escondidos, que las cuestas sean cuesta abajo, que las miradas furtivas iluminen las mañanas, que los abrazos no se acaben, que los besos nos derritan... que llegue pronto el lunes.

Demasiado tarde

Hay cosas peores que estar solo, pero a menudo hacen falta años para darse cuenta de ello. Y más a menudo, cuando esto ocurre, es demasiado tarde. Y no hay nada peor que un "demasiado tarde".

Primavera

Hoy me he levantado con ganas de matar. A mí, o a ti, no notaria la diferencia. Todo me sabe mal y no hay marcha atrás, ya han empezado las arcadas.
No hay caminos rectos, no existe el blanco ni el negro, deja de pensar que tus actos son buenos o malos, porque solo son actos, lo único que debe preocuparte son las consecuencias.
Tienes un problema, eres demasiado bueno para tu propio bien. Únete a mí. Matemos a todos los que nos impiden continuar, a todos los que están en medio de nuestra camino, los que molestan, los que sobran, los que te hacen daño siempre que esta en su mano, los que nos impiden el paso haciendo que cambiemos de dirección y volvamos a perdernos, provocando que no sepamos más el uno del otro. Puede que matemos a gente inocente (siempre se cometen errores), pero el espectador no le dará importancia porque ya ha llegado la primavera.

El límite que separa la genialidad de lo casposo

El mundo es grande e inagotable. Si te dejas guiar por la propia vida acabarás descubriendo cosas más interesantes, pero... el problema es la niebla. Esa niebla que hay delante de tus ojos, que te nubla y no te deja ver. Deberias darte cuenta de que haces caminos nuevos cada dia, no hay dos dias iguales de la misma forma que no hay dos personas iguales.
No seas iluso, el destino no existe. Nadie esta manejando los hilos de tu insignificante existencia. Si algo sale bien o mal es tan solo responsabilidad tuya... asique creo que es el momento de que empieces a tomar las riendas de tu vida y dejes de quejarte por lo mal que te va, ¿no crees?

La verdad es triste

Una de las mejores líneas de Lorca es, “agonía, siempre agonía…”. Piensa en esto cuando te levantes a las 6 de la mañana para trabajar, y el espejo escupa lo que realmente eres.