martes, 29 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Autopista manchada

Otra vez empezó a llover. Hacía apenas unos minutos que había parado, dando esperanzas a la tierra de que el Sol vendría para quedarse. Pero no fue así.
Dejando que la lluvia me golpee, sigo andado por esta autopista manchada de abandono, ignorando su incansable presencia, la suya y la mía. Podría decir que ando perdido, pero no es así, se exactamente a donde quiero ir. A ningún sitio, y espero que no haya nadie allí cuando llegue. Ni siquiera esta lluvia ajena de la condición humana y los sentimientos que dentro fluctúan, chocando unos con otros, explotando, implosionando, y empezando otra vez.
La carretera parece infinita cuando se pierde en el horizonte. Si te fijas, puede verse como gira para dar la vuelta a la tierra, y volver de nuevo detrás tuya, como si no hubiera salida ni entrada, solo camino. Un camino sin sentido.
Da igual. No quiero entradas ni salidas, metas con premios que quizás no merecí, o metas sin premios por los que moriría... No. Quiero camino. Disfrutar y sufrir con él, desconociendo si cuando cruce el horizonte por cuarta vez me darán el oro o ni siquiera me garantizan el premio de consolación...
La lluvia destiñe mis pensamientos, los diluye con las huellas que voy dejando a cada paso. Y es lo único que le agradezco. Así se me hace más fácil huir de mi mismo y olvidar porque estoy aquí, caminando al borden del arcén, dirección: Desconocida.


domingo, 20 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Lo que los demás no ven

Tal vez no quiero ver como esta ciudad crece regada por el dolor de las imprudentes tormentas, ni quiero desperdiciar el néctar de la transparente sinceridad, que tan caro se vende al consumidor. No quiero escuchar los consejos que estas cuatro paredes me susurran cuando bajo la guardia, ni mirar al cielo los días que se enfada con el jardín, guardando la lluvia en su garganta. No quiero ver como las pesadillas castigan tus huesos, como se queman los puentes dibujados a mano alzada quedando fuera de texto, y de contexto.

Quiero alimentarme de cada página de nuestro relato. Volar, respirar. Y no creer en nada más. Caer y volver a cobrar vida. Y así viviremos para siempre.

Tal vez tú seas igual que yo. Tal vez ambos veamos cosas que los demás no pueden ver.



miércoles, 2 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Made in heaven

Ella corría y corría sin mirar atrás. De su corazón solo quedaban pedazos irreconocibles que sostenía en sus manos, sin latidos y sin color. Ella corría sin saber a dónde. Ella se tropezó con él. Él tenía un mapa, un plan, algo que funcionaba solo entre ella y él. Era como si ella y él nunca hubiesen sido desconocidos, y todo en lo que nunca habían confiado ahora fuera mirado a través de un espejo. De repente, fue como si lo imposible siempre hubiera estado ahí, para ser real. Ella dejo de correr para cambiar de dirección. Él cambio a la misma dirección, a la misma altura, al mismo paso, al mismo destino. Ella paraba los minutos, con una mirada deshacía las manecillas al reloj. Él daba vueltas entre los torbellinos creados por mariposas de ojos azules.
Ella era una pregunta sin respuesta. El respondió: te quiero.