martes, 29 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Autopista manchada

Otra vez empezó a llover. Hacía apenas unos minutos que había parado, dando esperanzas a la tierra de que el Sol vendría para quedarse. Pero no fue así.
Dejando que la lluvia me golpee, sigo andado por esta autopista manchada de abandono, ignorando su incansable presencia, la suya y la mía. Podría decir que ando perdido, pero no es así, se exactamente a donde quiero ir. A ningún sitio, y espero que no haya nadie allí cuando llegue. Ni siquiera esta lluvia ajena de la condición humana y los sentimientos que dentro fluctúan, chocando unos con otros, explotando, implosionando, y empezando otra vez.
La carretera parece infinita cuando se pierde en el horizonte. Si te fijas, puede verse como gira para dar la vuelta a la tierra, y volver de nuevo detrás tuya, como si no hubiera salida ni entrada, solo camino. Un camino sin sentido.
Da igual. No quiero entradas ni salidas, metas con premios que quizás no merecí, o metas sin premios por los que moriría... No. Quiero camino. Disfrutar y sufrir con él, desconociendo si cuando cruce el horizonte por cuarta vez me darán el oro o ni siquiera me garantizan el premio de consolación...
La lluvia destiñe mis pensamientos, los diluye con las huellas que voy dejando a cada paso. Y es lo único que le agradezco. Así se me hace más fácil huir de mi mismo y olvidar porque estoy aquí, caminando al borden del arcén, dirección: Desconocida.


domingo, 20 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Lo que los demás no ven

Tal vez no quiero ver como esta ciudad crece regada por el dolor de las imprudentes tormentas, ni quiero desperdiciar el néctar de la transparente sinceridad, que tan caro se vende al consumidor. No quiero escuchar los consejos que estas cuatro paredes me susurran cuando bajo la guardia, ni mirar al cielo los días que se enfada con el jardín, guardando la lluvia en su garganta. No quiero ver como las pesadillas castigan tus huesos, como se queman los puentes dibujados a mano alzada quedando fuera de texto, y de contexto.

Quiero alimentarme de cada página de nuestro relato. Volar, respirar. Y no creer en nada más. Caer y volver a cobrar vida. Y así viviremos para siempre.

Tal vez tú seas igual que yo. Tal vez ambos veamos cosas que los demás no pueden ver.



miércoles, 2 de noviembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Made in heaven

Ella corría y corría sin mirar atrás. De su corazón solo quedaban pedazos irreconocibles que sostenía en sus manos, sin latidos y sin color. Ella corría sin saber a dónde. Ella se tropezó con él. Él tenía un mapa, un plan, algo que funcionaba solo entre ella y él. Era como si ella y él nunca hubiesen sido desconocidos, y todo en lo que nunca habían confiado ahora fuera mirado a través de un espejo. De repente, fue como si lo imposible siempre hubiera estado ahí, para ser real. Ella dejo de correr para cambiar de dirección. Él cambio a la misma dirección, a la misma altura, al mismo paso, al mismo destino. Ella paraba los minutos, con una mirada deshacía las manecillas al reloj. Él daba vueltas entre los torbellinos creados por mariposas de ojos azules.
Ella era una pregunta sin respuesta. El respondió: te quiero.

martes, 27 de septiembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Si quieres correr, puedes correr

Esta noche puedes ponerte aquellas botas y salir de casa. Hundir la suela en la suciedad de esta decadente ciudad y seguir corriendo. Llegar hasta el punto más alto, coger impulso y saltar a través de todo el Paseo.

Llegar hasta las vías del tren y mantener el equilibrio entre sus raíles. Si algún tren se interpusiera en tu camino vuelve a saltar, tan alto que atravieses las nubes y te dejes llevar por las corrientes de aire.

Puedes alcanzar las estrellas, saltar de una a otra, de constelación en constelación. Saludar al Sol escondido tras un planeta deshabitado y seguir corriendo, dar vueltas y vueltas sobre nuestra Luna.

Esta noche puedes correr tanto como quieras, y no te preocupes si caes, porque aterrices donde aterrices, yo estaré allí. Siempre estaré allí.


viernes, 9 de septiembre de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Volteretas en el césped

El movimiento de rotación lunar ha vuelto a su curso. Sobrevivimos a la revolución sideral y ahora el destino nos dio el si, quiero.

El océano vuelve a teñir la costa de alegría con sus aguas cristalinas, y las estrellas emergieron del suelo, para volver a componer la sinfonía espacial del astronauta que vuelve a casa, para dar volveteras en el césped.

martes, 9 de agosto de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Sin ti la Luna no gira

El Sol ha dejado de calentar, no hay luz que arroje claridad sobre esta habitación, donde las horas se sientan a los pies de mi cama, junto a mí, para hacerme compañía mientras te espero. Las estrellas se han caído del cielo, y sus cadáveres se cuentan por miles, aun son visibles por las calles de esta ciudad desconsiderada que nada ofrece si no estas tú, que no quiere vivir sin ti.
Las puertas han dejado de abrirse, saben que no hay lugar al que pueda ir donde se tranquilicen mis ojos, inquietos y nerviosos, buscándote en todos los rincones. Los colores de la calle se esconden en el último cajón de mi mesita de noche, junto a los acordes de todas esas canciones que hablan de ti, y que ahora tienen miedo a sonar sabiendo que formaran un terremoto en mis ojos.
Tan solo es mi lápiz quien se atreve a luchar contra este monstruo, escribiendo una y otra vez sobre las paredes de mi cárcel ese nombre cuya sola mención eriza mi alma y me evoca el TE QUIERO más contundente que mi boca jamás antes expresó.
Y es que sin ti, la Luna no gira. Ha perdido el rumbo y vaga desorientada entre los restos de una desconocida galaxia que flota allí donde el universo se hace vacío.
No hay vida sin la sombra que proyectas cuando caminas a mi lado, sin ese océano que guardas en tus ojos, sin el sonido de tu voz, susurro que me hipnotiza como si fueras la sirena que este náufrago debía encontrar en la orilla de la Gran Vía.
Una vez leí que el único modo que tenemos de saber lo fuertes que somos es llegando al extremo. Creo que es el momento de que demostremos lo fuertes que somos. No te voy a engañar, yo también estoy asustado, pero eso es señal de que esto es algo grande.

lunes, 25 de julio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Los pelos del corazón de punta

Las agujas del reloj se doblan y retuercen en un intento por romper las cadenas de su esclavitud, en un esfuerzo por hacer que deje de fluir el transcurso de las horas y se detenga el ir y venir del todo y del nada. Es momento de romper con el pasado y proclamar el estado de la eternidad, un reino que te pertenece, pues tú eres la reina.

Allí donde decidas ir, serás tú la reina. Con tu corona de cristal, caminando sobre alfombras de oro, con tu sonrisa escarchada, escuchando esa dulce melodía de algún loco que jugó con fuego y se quemó, alguna canción que tarareas al salir a la calle todas las mañanas, alguna canción que solo escucharemos tú y yo, estemos donde estemos.

Y estarás a 1500km de mí. Y estaré a 1500km de ti. Pero no estés triste, porque no hay muralla lo suficiente valiente para evitar que cada noche nos pongamos de puntillas para tocar una vez más, con la punta de los dedos, esa luna llena que nos mira y sonríe, a veces de noche, a veces de día, a veces escondida entre las teclas de un piano y otras reflejada en las letras de un pequeño poema, diminuto y desnudo, que tras leerlo crece, tanto que no cabe en nuestros ojos y duerme para siempre en nuestro corazón.

Aunque Agosto no nos deje navegar por las avenidas de esta ciudad que nos mira con disimulo mientras acariciamos la calma de la despreocupación de un lunes cualquiera, estaremos bien mientras tengamos un momento para cerrar los ojos y recordar. Y recuerda que esto no es otra historia más, esta es diferente porque somos nosotros. Si no existen los finales felices inventaremos un final mejor.
jueves, 7 de julio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Últimamente...

Últimamente el Sol hace la competencia a la Luna, los astros brillan más de lo que estaban acostumbrados y pasean por las avenidas buscando nuestras huellas marcadas en el asfalto, quieren saber donde nos escondemos…

Últimamente los olores saben a magia eléctrica, a miradas y sonrisas que se pelean por ponerse encima, a horas que se cuentan por suspiros. La Gran Vía tiene algo nuevo que contar, ella cierra los ojos y construye escaleras para alcanzarnos cuando la persiana se cierra y las estrellas brillan.

Últimamente pido un deseo cada vez que sale el Sol por tu ventana, y lleno mi cuaderno de garabatos desde el mismo veinticinco en que la Luna nos prestó sus sueños de una noche de verano para que conquistáramos el mundo montados en un barco de papel.

Últimamente me inspiro en algo incognoscible, ese algo que no se puede describir y que es lo único tiene importancia.


jueves, 30 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Relámpagos y truenos en la Luna

Ábreme conversación esta noche y te hablaré de mis deseos. De como quiero que las mariposas desenvuelvan huracanes, que el fuego se expanda y consuma todo el bosque. Que seamos nuestra propia sobredosis, que nos declaren ilegales.

Puedo contarte que quiero encontrarte frente a mí en la oscuridad de las mañanas, que nuestros ojos se crucen y te quedes con la última palabra.

Ábreme conversación y te hablaré de mi casa en la Luna, una casa que tiene dos dormitorios, patio con vistas a Marte, baño, salón y cocina, pero no te tiene a ti...
Dime Cleopatra, ¿te vienes conmigo a la Luna?

miércoles, 22 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Al fin y al cabo esto es como todo lo demás

Es bonito caminar con los ojos cerrados cuando estas acompañado de alguien que guié tus pasos, que espante las tempestades del pasado y el futuro, que luche contra los fantasmas del presente, que haga que todo parezca fácil. No importa lo lejos que llegues, porque piensas que jamás tendrás que volver a la casilla de salida, que los dados no volverán a jugar con nuestra suerte. Pero tarde o temprano hay que despertar, volver a la fragilidad de la tragicomedia que es el mundo real, y entonces, por mucho que mires el camino porque el que viniste, no podrás deshacerlo, no al menos sin sufrimiento.

Seamos sinceros, las relaciones humanas son tan frágiles... Siempre tan llenas de pequeños malentendidos. Probablemente no tengamos la culpa del mundo en que vivimos, pero es con la pequeña suma de todos ellos como se crean los amargos finales. Nos lanzamos nuestro orgullo desde un lado a otro del dormitorio en cada pelea, un poquito de destrucción mutua y buenas noches. Así es como se ríe de nosotros el cruel destino que un día fue nuestro amigo, y que ahora que lo conocemos bien comprendemos que no era tan bueno para nosotros como creíamos, que nos dio lo que queríamos, pero no lo que necesitábamos.

Puedes mirarlo de esta forma: querer puede ser el mayor de tus errores. Porque puede que nunca consigas lo que quieres, o, lo que es peor, que lo consigas y lo pierdas. Créeme cuando te digo que es horrible despertarte cada mañana recordando que fuiste feliz, que se te fue otorgado aquello que anhelabas, y que la perdiste sin saber muy bien ni como ni porque. Pero no me preocupo, porque día a día veo que cualquiera puede convertir en la persona más especial para alguien. Eso me consuela… pero sobre todo me horroriza.

Y tengo miedo a la soledad. No es miedo a morir solo, sino miedo a vivir solo. Es miedo al olvido, al tuyo y al mío, a que las páginas envejezcan, pierdan su frescura y se vuelvan amarillentas, que no se puedan leer aquellas frases que construimos y que conforman nuestra historia.


lunes, 6 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Cuando se pierde el conocimiento no se sueña

No puedo seguir aquí, parado, esperando que el viento arrastre a otro lugar los restos que de mi quedan, los restos que se vendieron a la mejor postora en un funeral de asientos vacíos, llantos consolables y tumbas abiertas que dejaban sangrar libres a mis heridas por los caminos de niebla y lluvia.

Es momento de hacer la maleta y guardar la desmotivación que me guía, las ruinas de mi espíritu, los tragos que me recuerdan mi hipocresía y todos mis blablablas que no vieron la necesidad de salir al mundo del gozo y el dolor, y que tanta compañía me hacen ahora que tú no estas.

Me miré al espejo para comprobar que estaba preparado. Vaya, parecía haber envejecido… Tras coger aire di un paso hacia adelante, hasta tener a mi reflejo cara a cara para que no se atreviera a mentirme.
No soy el que solía ser… mis ojos no ven lo que siempre han visto, será porque han estado tanto tiempo sin verte que se cansaron de librar batallas por encontrarte, y renunciaron a tu aviso de busca y captura, viva o muerta.
¿Y mis labios? Dejaron de buscarte de boca en boca, para besar tan solo la nicotina que ahoga mi fortuna de caladas vacías que se marchan para no volver jamás.
Y mi corazón ya no late… perdió el ritmo que marcaba mi destino, y no camina ni hacia adelante ni hacia atrás, se quedó en mitad de un atasco de fugaces sentimientos en dirección prohibida…

Alguien me dijo una vez que la derrota siempre es pasajera, que el tiempo acabará hablando por nosotros y poniendo las cosas donde siempre debieron estar. Aunque parece que para cuando el tiempo dicte sentencia ya a nadie le importará.


jueves, 26 de mayo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Pesadilla antes de follar

Un golpe seco nos anunció que la puerta se había cerrado. No importaba demasiado, no teníamos intención de mirar atrás.

Nuestra conciencia se había teñido de un gris nocturno, una oscuridad que no nos dejaba ver más allá de lo que aquella noche pasaría entre aquellas cuatro paredes. Nuestros impulsos tomaron las riendas de la escena, y las promesas comenzaron a colarse por la ventana y dar vueltas por la habitación.

Estábamos seguros de que nada más nos importaba en el mundo que ese instante que nos fue regalado para estar juntos, y fue entonces cuando las promesas nos arroparon.
Dijimos que no nos imaginábamos un mundo en el que no estuviéramos juntos, que no importaba nada que ahí fuera pasase mientras estuviéramos el uno junto al otro… Posiblemente nos olvidamos la sinceridad en algún lugar perdido de la realidad, quizás nos esperaba fuera para echarnos la charla.
Dejamos que nos guiaran sentimientos de una noche única, como si no hubiera un mañana cierto, y en aquel momento algo se torció súbitamente…

No sabría decirte cuanto tiempo pasamos allí, pero al salir al mundo solo quedaban ruinas de todo lo que fue. Nadie nos esperaba en aquel paraje desolador, solo nos teníamos el uno al otro.
¿Que pasó con el mundo real? Allí no estaba la realidad que recordábamos, o quizás los que habíamos cambiado éramos nosotros.
Entre aquellas ruinas encontré un espejo, y el otro yo que allí aparecía guiñó los dos ojos para siempre. En ese momento supe que las palabras son la perdición del ser humano, las promesas son trampas que algún día nos cogerán desprevenidos, para vengarse de la negligencia sentimental de la que abusamos.

domingo, 22 de mayo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Si. No. Quizás. No lo sé. ¿Puede repetir la pregunta?

Quizás sea la hora de no volver a mirar la hora, de arrancar la venda de mis ojos, de salirme del camino que no lleva a ninguna parte y cruzar el río. Quizás sea el momento de dejar de perseguir mis propias huellas como un explorador con miedo a explorar, como un perro con el rabo entre las piernas.

Toca hacer aterrizaje de emergencia antes de la inminente colisión, envolver los abrazos y guárdalos donde no les pueda dar el sol, ignorar todas las citas que no vamos a tener en esta historia que se escribió con el final pensado de antemano.

Las ruedas, aunque torcidas, seguirán girando. Este cuento de despropósitos no parará aquí, no al menos hoy. Te debí olvidar paginas atrás, justo en el renglón donde ponía: “Si una persona se aferra a su pasado, muere un poco cada día…”

viernes, 13 de mayo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Artículo Primero

No bajamos al mundo para entusiasmar a nadie. Nuestros días en el mundo son para vivir nuestra vida en condiciones que nos hagan feliz. De la misma manera, todos los demás son libres de vivir como más felices puedan ser.

Partiendo de esta base, es imprescindible ser responsables de nuestros actos, capaces de responder por las condiciones en las que hemos elegido vivir. Tan solo hay una persona a la que le debamos todas las explicaciones del mundo, y esa es… ¿uno mismo?

No, ni siquiera tenemos que darnos explicaciones de nuestros actos si no queremos. No existe problema alguno en ser un irresponsable si es de ahí de donde obtenemos la felicidad. Sin embargo, a la gran mayoría de nosotros nos parece mejor saber porque somos como somos, y nos comportamos como tal. Porque quisimos más a mamá o papá, porque estudiamos ciencias o letras, porque nos enamoramos de aquella mujer y no de otra, que nos hizo quedarnos con aquel trabajo, o en aquella ciudad…

Pensamos que si nos conocemos a nosotros mismos seremos felices, pero, tal vez, cuando nos conozcamos como la palma de la mano, cuando estemos seguros de como somos y que decisiones tomaremos, cuando todo se reduzca a un camino en el que todo este decidido y solo podamos seguir adelante… en ese momento… ¿podremos estar en la certeza de que seguimos vivos?

martes, 26 de abril de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Para la mujer que colorea mis días

Somos imanes. Cuerpos cargados de magnetismo. Podemos hacer fluir nuestro voltaje interior a nuestro alrededor, expandirnos, abrir caminos y atraer a quien deseamos atraer.

A los imanes no les preocupa la técnica de su propio funcionamiento, es algo que surge de forma natural, y por esta misma naturaleza, atrae a ciertos elementos y a otros los deja intactos.

Y es así como la curiosidad atrae a los iguales. Tan solo nos limitamos a desplegar nuestra propia personalidad de forma transparente y luminosa, poco a poco. Siendo simplemente nosotros mismos, atraemos a quien deseamos, a quienes tienen algo que enseñarnos.

Y soy feliz pensándolo, feliz por tener semejanzas con alguien tan especial como tu, por esa curiosidad que nos invita a compartir nuestros minutos, a regalarnos nuestros entusiasmos, a intercambiar nuestros mundos, a respirar mas despacio cuando estamos al lado, para que el tiempo detenga su ritmo poco a poco.

Y aquí estamos, quinientos cincuenta y un días después de aquel viaje en ave, seguimos como hojas que danzan al viento, atraídos por el magnetismo que nos une desde aquel instante.


jueves, 31 de marzo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Para la mujer que me robó

Al final, se marchó. No me dijo a donde, ni siquiera miró hacia atrás antes de dar un portazo, la frialdad fue su último regalo. Actuó sin dar explicaciones, dijo que no las entendería. Y eso es todo, no había mucho más que contar.

Las teclas del piano se quedaron frías una vez desapareció la razón por la que se despertaban por las mañanas. Y todo comenzó a acumular polvo, a quedar viejo e inservible. Los valses no fueron compuestos para bailarse solos… Allí se quedo el niño con sus lápices de colores y un folio en blanco, un folio que solo seria capaz de llenar con suspiros y lágrimas, amanecer tras amanecer…

Te fuiste, y te llevaste todo contigo. Huiste con las palabras de mi lápiz, arrancaste la luz de los lienzos, robaste todo por lo que el poeta un día dió su vida… Me dejaste sin mis libros, sin letras ni poemas, vaciaste todo lo que me pertenecía, y como un títere sin vida, dejaste mi cuerpo inmóvil sobre las ruinas de una Roma solitaria.

Ahora mi vida es un trabalenguas mudo. Solo puedo hablar conmigo mismo sobre aquel “tu y yo” que un día fuimos, y solo él escucha las historias de como olvidamos el amor que nunca llegamos a sentir. Y quizás sea eso lo que tanto echamos de menos, todo lo que pudo ser y no dejamos nacer. Pero yo y mis cuentos que nadie leyó nos ahogamos con el oleaje de pensamientos… y colorín colorado…

Así pues, querida ladrona, te ruego que regreses y me devuelvas mis letras, mis poemas y mi inspiración, no tenias derecho a quitármelos. Si me estas buscando, puedes encontrarme en el rincón de tu corazón donde siempre estuve.

martes, 15 de marzo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Donde los amaneceres deciden despertar

En mitad del mar, entre agua y sol, es en el único lugar donde puedes encontrar un cachito de ti, donde no da miedo echar a volar.
Un viaje donde el sol no deja de brillar, pues esta buscando tus deseos allá donde los escondiste, dibujando sombras increibles.

¿Vienes conmigo a la inmensidad del océano, o te quedas en la costa soñando con un quizás que nunca fue? Decide, porque nuestro tiempo tiene las horas contadas... Solo tenemos que pensar en lo lejos que queramos ir.
lunes, 28 de febrero de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

El juego de las mil mentiras

En medio del huracán yo mantenía los ojos cerrados, me tapaba los oídos con las manos y apretaba con fuerza. Cuando uno esta perdido, inmerso en la oscuridad de una noche fría, sin farolas que alumbren ni carreteras que marquen un camino a seguir, piensa que para siempre permanecerá allí, en el ojo de un huracán que te persigue vayas donde vayas.
Cualquier pequeño fallo te puede traer al lado del perdedor, un mal movimiento del peón o un descuido del rey, un paso en falso, una distracción. Quizás la falta de experiencia, o quizás un exceso en confianza.

Es ahora cuando pienso en lo ocurrido… miro hacia atrás, y la carretera esta más oscura que nunca, pero es necesario adentrarte en las profundidades del dolor para ganar la partida.

Como si fuera un fantasma, comienzo a andar el camino que una vez recorrí, y fugaces recuerdos se reflejan en los cristales de escaparates de esa ciudad que abandonamos tiempo atrás. Una serie de diapositivas se muestran en mi mente. Allí esta todo, el día que nos conocimos… ¿aún lo recuerdas? Fue de la mejor manera que se puede conocer a alguien tan importante, por casualidad. Allí estas, con tu vestido blanco y tus zapatos de tacón intentando mantener el equilibrio por el borde del fin del mundo.
Tu móvil lleno de mis llamadas pérdidas, de mensajes secretos. Las sonrisas que guardabas para sacarla al otro lado del abrazo, esas sonrisas que no se ven, pero se siente, porque son la misma que yo guardaba para ti.
Pero también hubo dolor, hubo errores y egoísmo, y cuando recuerdas no es conveniente dejarse nada por el camino. Solo un estúpido seria tan insensato como para olvidar la tragedia, pues estará condenado a repetir dicha tragedia hasta que la consciencia se lo tatúe con sangre en su mente.

Ahora, después de la tempestad, el pasado tiene otro aroma, y otro sabor. Ella debía de estar loca para soñar conmigo. Seguramente nunca era tan perfecto como ella solía decir. Si buscaba a alguien perfecto, ella se equivoco de persona. ¿De que sirve ser perfecto si no eres real?

Esto debe ser aprender. Es obvio que algunas veces nos toca perder, pero seguimos adelante. Porque lo importante no es perder, sino el modo en que perdimos, lo que aprendimos de la derrota y los cambios que añadimos en nosotros mismos, que nos ayudan a mejorar para las siguientes partidas. Podría decirse que perder, de alguna manera, también es ganar.
Y aprendí que el amor es un sentimiento apabullante, no te lo recomiendo. Quizás sea uno de los juegos más peligrosos a los que nadie te recomendaría jugar.


lunes, 7 de febrero de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

La soledad dejó sin luz a las ciudades



Me escondo en mi habitación. Cierro firmemente la puerta y me apoyo en ella de espaldas. Mis piernas todavía tiemblan.
Gotas de sudor se resbalan por las paredes. Oigo como cada tic-tac del reloj retumba por toda la casa… y el eco da golpes a mi puerta, juega con mi ansiedad, le cuenta mis historias de naufragios y soledad que tanto intenté ocultar.

Esta noche el pasado me busca a mí. Todo este tiempo permanecí escondido de él, fingiendo que todo iría bien si conseguía olvidarlo. Pero el pasado no olvida, y tarde o temprano acaba encontrándote. Ahora me tiene acorralado, y tengo la sensación de que en cualquier momento echará la puerta abajo.

Desde mi habitación se oyen los gritos de los niños, se oyen campanas de boda, se oye como la lluvia golpea mi ventana. Las cartas se derrumbaron encima de la mesa. Ya no hay secretos... no hay campanas, no hay gritos, solo hay realidad. La cruda realidad en estado puro.
Con la mirada fija en el espejo, enrabietado, mientras las lágrimas saltan de mis ojos, grito sin voz.. ¡¿Porque no puedo huir?!...
Pero nadie me escucha, y solo queda el vaho en un espejo que me esquiva la mirada.
Sabía que algo así pasaría. El universo se desmorona. ¿Porque no yo? ¿Porque no podemos cambiar de juego, de historia, de universo…?
La oscuridad comienza a ahogarme, la conciencia abandona mi cabeza, mi mirada se nubla, todo es oscuro, demasiado oscuro…

Me arrastro como puedo hasta la cama y me refugio entre las sabanas. Ahí siento como mi ansiedad se pone tan cómoda como puede, arropándose con mi colcha, cerrando los ojos para evitar todo dolor. ¿Oyes el silencio? Me tranquiliza.
miércoles, 2 de febrero de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

La casa en la Luna

La luz se colaba con una energía incesante por las persianas de nuestra casa en la Luna.
El hombre de las noticias dijo que habría eclipse, y que duraría al menos unos minutos. No prestamos atención alguna a aquello.

Apoyado en la puerta de la cocina te observaba. Andabas descalza por el salón, con aquel vestido que te regalé, tarareando alguna canción, bailando al mismo ritmo que la brisa hacia bailar las cortinas. Hipnotizando el aire que respirabas.

Poco a poco, la luz fue desapareciendo. Sin despedirse de nosotros, abrió la puerta y se fue. Entonces comenzó algo inexplicable...
Estabas vestida de sol entre las sábanas. Todo era rojo. Visceral. Cada curva de tu cuerpo me emborrachaba más y más, hasta que ya no distinguía el norte del sur, la atracción física de la espiritual. Me asomé a tus ojos y lancé un guiño por si alguien más nos estaba viendo.

Cuando desperté estaba en la Tierra, en mi viejo colchón. Aún era de noche, y la televisión estaba encendida.
Me asomé por el balcón, y busqué nuestra luna en el cielo. Vacío. Apagué el televisor y volví a la cama. Cerré los ojos y dejé que el mundo volviera a desaparecer.

lunes, 24 de enero de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Pesadilla de una raya


Hubo un pasado. Un pasado. Sin contradicciones, sin golpes a una puerta que no se abre. Hubo un camino. Nunca desapareció. Sigue en el mismo sitio donde lo dejaste. ¿Por qué te quedaste quieto?

Hubo una época en que no teníamos miedo a la muerte… ni a la vida. Entonces descubrimos que nuestro destino era el de improvisar en cada momento, aprovechar las oportunidades... o dejar que el tiempo nos borre de la memoria, malgastar los minutos que un reloj de muñeca decidió regalarnos. Desperdiciarlos porque no hay nada por lo que merezca la pena esforzarse. Nuestra fue la decisión. Siempre.

Antes… antes no teníamos miedo a los cambios. ¿Qué nos importaba perderlo todo? Si no teníamos nada. Nada fue nuestro. Todos aquellos problemas en los que ni siquiera pensábamos ya estaban aquí antes que nosotros, y estábamos convencidos de que todo seguiría igual, con nosotros o sin nosotros. Nada de nuestro alrededor cambiaba, solo cambiábamos nosotros y nuestra forma de ver las cosas.


Fue una época maravillosa, un trocito de suerte que gastamos y no nos devolverán.


Ahora creo en el destino. O al menos finjo que creo en él. Pero… es tan poco trascendente. Ahora siento que mi tiempo se pierde y mis esfuerzos se dedican a tonterías. ¿Cuál es mi límite? ¿Mi esfuerzo sirve para algo?
Es cierto. No se si ya esta todo escrito, si merece la pena seguir este camino. La obsesión por hacer algo importante, algo que salga de dentro, para llegar a un lugar más profundo todavía, me obsesiona.
¿Tiene sentido esforzarse por crear algo único cuando las letras que escribes carecen de sentido? ¿Qué hay nuevo que decir sobre… nada?


A lo largo de este conjunto de experiencias vacías al que llamo vida he aprendido algunos secretos. Sé que las traiciones nos esperan en cualquier esquina. Sé que perdonar es una estupidez, y olvidar una virtud. Sé que la verdad nunca nos hará libres, quizás todo lo contrario. Y si uno quiere seguir el camino tiene que revelarse contra el pasado, es la única forma de avanzar.