jueves, 30 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Relámpagos y truenos en la Luna

Ábreme conversación esta noche y te hablaré de mis deseos. De como quiero que las mariposas desenvuelvan huracanes, que el fuego se expanda y consuma todo el bosque. Que seamos nuestra propia sobredosis, que nos declaren ilegales.

Puedo contarte que quiero encontrarte frente a mí en la oscuridad de las mañanas, que nuestros ojos se crucen y te quedes con la última palabra.

Ábreme conversación y te hablaré de mi casa en la Luna, una casa que tiene dos dormitorios, patio con vistas a Marte, baño, salón y cocina, pero no te tiene a ti...
Dime Cleopatra, ¿te vienes conmigo a la Luna?

miércoles, 22 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Al fin y al cabo esto es como todo lo demás

Es bonito caminar con los ojos cerrados cuando estas acompañado de alguien que guié tus pasos, que espante las tempestades del pasado y el futuro, que luche contra los fantasmas del presente, que haga que todo parezca fácil. No importa lo lejos que llegues, porque piensas que jamás tendrás que volver a la casilla de salida, que los dados no volverán a jugar con nuestra suerte. Pero tarde o temprano hay que despertar, volver a la fragilidad de la tragicomedia que es el mundo real, y entonces, por mucho que mires el camino porque el que viniste, no podrás deshacerlo, no al menos sin sufrimiento.

Seamos sinceros, las relaciones humanas son tan frágiles... Siempre tan llenas de pequeños malentendidos. Probablemente no tengamos la culpa del mundo en que vivimos, pero es con la pequeña suma de todos ellos como se crean los amargos finales. Nos lanzamos nuestro orgullo desde un lado a otro del dormitorio en cada pelea, un poquito de destrucción mutua y buenas noches. Así es como se ríe de nosotros el cruel destino que un día fue nuestro amigo, y que ahora que lo conocemos bien comprendemos que no era tan bueno para nosotros como creíamos, que nos dio lo que queríamos, pero no lo que necesitábamos.

Puedes mirarlo de esta forma: querer puede ser el mayor de tus errores. Porque puede que nunca consigas lo que quieres, o, lo que es peor, que lo consigas y lo pierdas. Créeme cuando te digo que es horrible despertarte cada mañana recordando que fuiste feliz, que se te fue otorgado aquello que anhelabas, y que la perdiste sin saber muy bien ni como ni porque. Pero no me preocupo, porque día a día veo que cualquiera puede convertir en la persona más especial para alguien. Eso me consuela… pero sobre todo me horroriza.

Y tengo miedo a la soledad. No es miedo a morir solo, sino miedo a vivir solo. Es miedo al olvido, al tuyo y al mío, a que las páginas envejezcan, pierdan su frescura y se vuelvan amarillentas, que no se puedan leer aquellas frases que construimos y que conforman nuestra historia.


lunes, 6 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Cuando se pierde el conocimiento no se sueña

No puedo seguir aquí, parado, esperando que el viento arrastre a otro lugar los restos que de mi quedan, los restos que se vendieron a la mejor postora en un funeral de asientos vacíos, llantos consolables y tumbas abiertas que dejaban sangrar libres a mis heridas por los caminos de niebla y lluvia.

Es momento de hacer la maleta y guardar la desmotivación que me guía, las ruinas de mi espíritu, los tragos que me recuerdan mi hipocresía y todos mis blablablas que no vieron la necesidad de salir al mundo del gozo y el dolor, y que tanta compañía me hacen ahora que tú no estas.

Me miré al espejo para comprobar que estaba preparado. Vaya, parecía haber envejecido… Tras coger aire di un paso hacia adelante, hasta tener a mi reflejo cara a cara para que no se atreviera a mentirme.
No soy el que solía ser… mis ojos no ven lo que siempre han visto, será porque han estado tanto tiempo sin verte que se cansaron de librar batallas por encontrarte, y renunciaron a tu aviso de busca y captura, viva o muerta.
¿Y mis labios? Dejaron de buscarte de boca en boca, para besar tan solo la nicotina que ahoga mi fortuna de caladas vacías que se marchan para no volver jamás.
Y mi corazón ya no late… perdió el ritmo que marcaba mi destino, y no camina ni hacia adelante ni hacia atrás, se quedó en mitad de un atasco de fugaces sentimientos en dirección prohibida…

Alguien me dijo una vez que la derrota siempre es pasajera, que el tiempo acabará hablando por nosotros y poniendo las cosas donde siempre debieron estar. Aunque parece que para cuando el tiempo dicte sentencia ya a nadie le importará.