lunes, 7 de febrero de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

La soledad dejó sin luz a las ciudades



Me escondo en mi habitación. Cierro firmemente la puerta y me apoyo en ella de espaldas. Mis piernas todavía tiemblan.
Gotas de sudor se resbalan por las paredes. Oigo como cada tic-tac del reloj retumba por toda la casa… y el eco da golpes a mi puerta, juega con mi ansiedad, le cuenta mis historias de naufragios y soledad que tanto intenté ocultar.

Esta noche el pasado me busca a mí. Todo este tiempo permanecí escondido de él, fingiendo que todo iría bien si conseguía olvidarlo. Pero el pasado no olvida, y tarde o temprano acaba encontrándote. Ahora me tiene acorralado, y tengo la sensación de que en cualquier momento echará la puerta abajo.

Desde mi habitación se oyen los gritos de los niños, se oyen campanas de boda, se oye como la lluvia golpea mi ventana. Las cartas se derrumbaron encima de la mesa. Ya no hay secretos... no hay campanas, no hay gritos, solo hay realidad. La cruda realidad en estado puro.
Con la mirada fija en el espejo, enrabietado, mientras las lágrimas saltan de mis ojos, grito sin voz.. ¡¿Porque no puedo huir?!...
Pero nadie me escucha, y solo queda el vaho en un espejo que me esquiva la mirada.
Sabía que algo así pasaría. El universo se desmorona. ¿Porque no yo? ¿Porque no podemos cambiar de juego, de historia, de universo…?
La oscuridad comienza a ahogarme, la conciencia abandona mi cabeza, mi mirada se nubla, todo es oscuro, demasiado oscuro…

Me arrastro como puedo hasta la cama y me refugio entre las sabanas. Ahí siento como mi ansiedad se pone tan cómoda como puede, arropándose con mi colcha, cerrando los ojos para evitar todo dolor. ¿Oyes el silencio? Me tranquiliza.

2 comentarios:

Big.Small.Big.Small dijo...

Muy guay, te sigo, pasate por el mio, un saludo

Andrea. dijo...

Esta genial todo esto ^^
Te sigo y suerte con el blog !!

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