viernes, 5 de noviembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Espectáculo sin censuras

Sean todos bienvenidos a mi teatro. Hoy me complace presentaros el drama entre la mentira, la falsedad y el "por el interés te quiero Andrés". Espero que disfruten.

En esta obra todos somos actores. Llenamos el escenario de secretos que no son tan secretos, que todo el mundo sabe, y les damos alas. De esta manera se cruzan unos con otros constantemente. La vida y la muerte bailan alrededor de los puntos en los que se juntan. Y nosotros nos movemos con ellos. Entre mentiras que son mentira, y verdades que se esconden en los callejones que nadie visita, verdades demasiado cobardes.

Cada actor de esta obra posee su propia debilidad. A lo largo de nuestro camino nos tropezamos siempre con la misma piedra. Siempre la misma. Una piedra que lleva nuestro nombre y dirección, que fue fabricada a medida para nosotros, y con la que tropezaremos toda nuestra vida. Día tras día. Aunque pensemos que lo hemos superado, el pasado siempre sabe como encontrarnos.
Porque estamos condenados a cometer siempre los mismos errores. Estoy tan convencido de que nunca se aprende del pasado... de que nada cambia ni cambiará...
Si algo he aprendido hasta ahora es que resulta del todo ingenuo pensar que una persona puede cambiar. Y si hay algo que deberíamos tener muy aprendido ya es que no se puede borrar el pasado. Ni siquiera se puede cambiar. Así que empieza a pensar antes de actuar.

Me resulta todo tan caótico, tan confuso y extraño... ¿Que espejo refleja verdaderamente la realidad? Odio este juego al que llamáis "¡Así es la vida!". Me hace sentir como el marinero perdido en el desierto, de que todas las dunas se ríen.

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