lunes, 6 de junio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Cuando se pierde el conocimiento no se sueña

No puedo seguir aquí, parado, esperando que el viento arrastre a otro lugar los restos que de mi quedan, los restos que se vendieron a la mejor postora en un funeral de asientos vacíos, llantos consolables y tumbas abiertas que dejaban sangrar libres a mis heridas por los caminos de niebla y lluvia.

Es momento de hacer la maleta y guardar la desmotivación que me guía, las ruinas de mi espíritu, los tragos que me recuerdan mi hipocresía y todos mis blablablas que no vieron la necesidad de salir al mundo del gozo y el dolor, y que tanta compañía me hacen ahora que tú no estas.

Me miré al espejo para comprobar que estaba preparado. Vaya, parecía haber envejecido… Tras coger aire di un paso hacia adelante, hasta tener a mi reflejo cara a cara para que no se atreviera a mentirme.
No soy el que solía ser… mis ojos no ven lo que siempre han visto, será porque han estado tanto tiempo sin verte que se cansaron de librar batallas por encontrarte, y renunciaron a tu aviso de busca y captura, viva o muerta.
¿Y mis labios? Dejaron de buscarte de boca en boca, para besar tan solo la nicotina que ahoga mi fortuna de caladas vacías que se marchan para no volver jamás.
Y mi corazón ya no late… perdió el ritmo que marcaba mi destino, y no camina ni hacia adelante ni hacia atrás, se quedó en mitad de un atasco de fugaces sentimientos en dirección prohibida…

Alguien me dijo una vez que la derrota siempre es pasajera, que el tiempo acabará hablando por nosotros y poniendo las cosas donde siempre debieron estar. Aunque parece que para cuando el tiempo dicte sentencia ya a nadie le importará.


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Te diría que continuaras escribiendo por mí, por todos los que estamos al otro lado de la pantalla. Pero a pesar de lo que dijera, seguiría pensando que ojalá siguieras escribiendo por ti.

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