lunes, 25 de julio de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Los pelos del corazón de punta

Las agujas del reloj se doblan y retuercen en un intento por romper las cadenas de su esclavitud, en un esfuerzo por hacer que deje de fluir el transcurso de las horas y se detenga el ir y venir del todo y del nada. Es momento de romper con el pasado y proclamar el estado de la eternidad, un reino que te pertenece, pues tú eres la reina.

Allí donde decidas ir, serás tú la reina. Con tu corona de cristal, caminando sobre alfombras de oro, con tu sonrisa escarchada, escuchando esa dulce melodía de algún loco que jugó con fuego y se quemó, alguna canción que tarareas al salir a la calle todas las mañanas, alguna canción que solo escucharemos tú y yo, estemos donde estemos.

Y estarás a 1500km de mí. Y estaré a 1500km de ti. Pero no estés triste, porque no hay muralla lo suficiente valiente para evitar que cada noche nos pongamos de puntillas para tocar una vez más, con la punta de los dedos, esa luna llena que nos mira y sonríe, a veces de noche, a veces de día, a veces escondida entre las teclas de un piano y otras reflejada en las letras de un pequeño poema, diminuto y desnudo, que tras leerlo crece, tanto que no cabe en nuestros ojos y duerme para siempre en nuestro corazón.

Aunque Agosto no nos deje navegar por las avenidas de esta ciudad que nos mira con disimulo mientras acariciamos la calma de la despreocupación de un lunes cualquiera, estaremos bien mientras tengamos un momento para cerrar los ojos y recordar. Y recuerda que esto no es otra historia más, esta es diferente porque somos nosotros. Si no existen los finales felices inventaremos un final mejor.

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