jueves, 9 de agosto de 2012 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Garabato de un hombre que espera

"El hombre siempre piensa que lo que a los demás les pasa no le pasará a él", decía su viejo televisor, cuyo sonido retumbaba a través de las grises paredes de su casa abandonada.

El sonido del televisor le despertó, sacándole de sus cotidianas pesadillas, sus únicas compañeras desde hacía algún tiempo.
Aquel era un día más para cualquiera, distinto a los demás, pero solo, como todos.

Despertó en el lado de la cama de ella, con las sábanas manchadas de vino, ceniza y la triste locura de quien solo puede esperar, coleccionando días intactos que ofrecer al cielo a cambio de su regreso.
A través de las ventanas todo era negro, hacía mucho tiempo que la claridad se había mudado lejos de allí, quizás a un lugar donde la gente aun soñaba, desde luego, lejos de aquella casa.
Se levantó de la cama haciendo un gran esfuerzo por sostener sus rencorosos huesos, no querían volver a caminar por la casa, no sin ella…

El tiempo caminaba junto a él a través del pasillo, tan despacio como él, tatuando el dolor de la ausencia en su piel, recordando cada historia que un día contó con una sonrisa en el rostro junto a ella, borrando los aromas del recuerdo que inundaba cada rincón de aquella casa… que ahora tan solo era un conjunto de escombros en continuo derrumbe.

Se sentó frente a la puerta, con la mirada fija en la cerradura. Y allí esperó a sentir sus pasos acercándose a la puerta, el suave tintineo de sus llaves al chocar unas con otras, el reconfortante movimiento de los engranajes dejando la puerta abierta…

Allí se quedo sentado, junto al tiempo, junto a los escombros, junto a su triste locura.
Allí se quedo sentado, esperando, un día más, distinto a cualquier otro, pero solo, como todos los demás.



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