lunes, 3 de febrero de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Nada crece si no come

Siempre de camino a algún sitio, dejando que mis huesos carguen una serie de victorias y derrotas de las que no he aprendido nada, como si hubiera salido indemne de todas ellas. Sigo luchando contra el olvido para recordarlo todo, para no perder el objetivo. En una lucha perpetua y sin sentido por estar entre tus brazos o a tus pies.

Bebiéndome mi propia alma cada noche para no tener que escuchar lo que me dice, para que las sombras no tomen forma y pueda seguir en esta lenta huida hacia ninguna parte, intentando escapar de mi mismo una noche más.
  
No hay más que hacer, ni existen luchas ni hay propósitos. Solo saborear el sucio asfalto donde caen los vencidos mientras miras la brillante luna, allí en lo más alto, coronando el paraíso. Con la certeza de que los demás se equivocan en su búsqueda de algo más, de lo que sea. Se equivocan. No hay nada que encontrar que les salve de la inevitable caída.

Creo que simplemente, con seguir siendo capaz de aplaudir y mirar hacia otro lado, es suficiente.


“No quiero ni tu éxito, ni tu falsa proyección de éxito en todo momento”


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