miércoles, 9 de abril de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Presidentes y veranos muertos

Dicen que debo dejar de beberte. Que debo dejar de fumarte. Y es que frecuento amargas cervezas que siempre están por terminar. Mirando el fondo del vaso, rezo al huracán con la garganta muda de quien vive entre lluvia y la caza. Un apocalipsis anunciado que, dicen, no puedes ignorar. Bah. ¿Que coño sabrán las calles de nosotros? Absolutamente nada.

Yo lo sé. Y tú lo sabes. Entre el valle lunar y el mar incauto, veo presidentes y veranos muertos que trafican con palabras de amor que solo saben tirar a la hoguera en un vago intento de evitar que el silencio les hable.

Ellos no saben que la oscuridad del silencio es la candela que mas ilumina en este paso. Ellos no ven nada. Tu y yo si.

Yo seguiré bebiéndote. Seguiré fumándote, mirando de frente a todos los seres que se descubrieron muertos para mí cuando comencé la caída libre por esta espiral que ya hace tiempo que me convenció para dejarme arrastrar y no oponer resistencia.

No creo que deje de pensar que aún podemos juntarnos a medianoche, resucitar durante un momento al verano y derrochar tanta luna menguante como queramos. Pero tendrás que bajar hasta lo más oscuro junto a mí.

Y es que los corazones se rompen continuamente. Pero ellos no saben que seguramente, el corazón, este diseñado para ello.



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