domingo, 5 de marzo de 2017 | By: Samuel Rodríguez Alonso

LOS DÍAS QUE MENOS ME GUSTAN

Estos son los días que menos me gustan. Cuando los besos guardan los engaños de miles de vidas pasadas que perpetramos en la nuestra. Cuando los móviles hablan más que nosotros, y la gente sigue muriendo igual que siempre. Se elevan y desaparecen, exactamente igual que el humo de un cigarro. Y nuestros besos continúan las mentiras de nuestros antepasados y los móviles cuentan lo que no nos atrevemos. Y solo se elevan los muertos. Y tú sabes volar, y yo pensaba que también sabría, pero no. Así que tengo que mirarte desde aquí.

Tengo que quedarme con los pies en el suelo, viendo como algunos hombres nos aleccionan sobre la vida, pero lo hacen mal. Desafinan, sus bolígrafos patinan, no tienen pulmones, no entienden de música. Ellos se arreglan y crean la escena apropiada. Suben a los escenarios de turno y dicen lo que gente quiere oír: Que todo acabará saliendo bien. Pero no están diciendo nada, solo cantan. Pero no tienen la voluntad de cantar, no lo arrancan a cuchilladas de sus huesos. No están sufriendo ni expiando sus pecados. Su canto es demasiado forzado, demasiado irreal. O no lo suficiente. No lo sé.

Estoy convencido que cuando el cielo caiga sobre sus cabezas, la música triunfara por fin y se oirán los cantos que deben ser escuchados. Los poseídos, los que arden por dentro, los locos que tienen buen oído para oír lo que la vida está diciendo. Pero tú no lo oirás. Tu estarás flotando lejos de mí, lejos del suelo. ¿Verdad que desde allí arriba todos parecemos hormigas? No creo que en realidad seamos algo mayor. Al menos así lo veo en días como estos, en los que me retuerzo entre las sabanas o deambulo a oscuras por el salón mientras oigo el zumbido del televisor del vecino.

Las estaciones se alejan poco a poco. Las nubes se divorcian del cielo. Las alas rotas de todas las almas de esta ciudad se agitan a la vez. Oigo las mías, pero ya no oigo las tuyas, creo que ya estás demasiado lejos.


Estos son los días que menos me gustan. En los que yo me quedo en tierra y tú vuelas. Yo me quedo aquí, acompañado por el zumbido del televisor de mi vecino. 

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