jueves, 31 de marzo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Para la mujer que me robó

Al final, se marchó. No me dijo a donde, ni siquiera miró hacia atrás antes de dar un portazo, la frialdad fue su último regalo. Actuó sin dar explicaciones, dijo que no las entendería. Y eso es todo, no había mucho más que contar.

Las teclas del piano se quedaron frías una vez desapareció la razón por la que se despertaban por las mañanas. Y todo comenzó a acumular polvo, a quedar viejo e inservible. Los valses no fueron compuestos para bailarse solos… Allí se quedo el niño con sus lápices de colores y un folio en blanco, un folio que solo seria capaz de llenar con suspiros y lágrimas, amanecer tras amanecer…

Te fuiste, y te llevaste todo contigo. Huiste con las palabras de mi lápiz, arrancaste la luz de los lienzos, robaste todo por lo que el poeta un día dió su vida… Me dejaste sin mis libros, sin letras ni poemas, vaciaste todo lo que me pertenecía, y como un títere sin vida, dejaste mi cuerpo inmóvil sobre las ruinas de una Roma solitaria.

Ahora mi vida es un trabalenguas mudo. Solo puedo hablar conmigo mismo sobre aquel “tu y yo” que un día fuimos, y solo él escucha las historias de como olvidamos el amor que nunca llegamos a sentir. Y quizás sea eso lo que tanto echamos de menos, todo lo que pudo ser y no dejamos nacer. Pero yo y mis cuentos que nadie leyó nos ahogamos con el oleaje de pensamientos… y colorín colorado…

Así pues, querida ladrona, te ruego que regreses y me devuelvas mis letras, mis poemas y mi inspiración, no tenias derecho a quitármelos. Si me estas buscando, puedes encontrarme en el rincón de tu corazón donde siempre estuve.

2 comentarios:

Caroop dijo...

haaaa me quede de a seiss esta genial esto..!!! nien romantico todo eso es sensibilidad ♥ saludoss

PierroT dijo...

Genial. Como la mayoría de escritos que estoy leyendo.

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