martes, 26 de abril de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Para la mujer que colorea mis días

Somos imanes. Cuerpos cargados de magnetismo. Podemos hacer fluir nuestro voltaje interior a nuestro alrededor, expandirnos, abrir caminos y atraer a quien deseamos atraer.

A los imanes no les preocupa la técnica de su propio funcionamiento, es algo que surge de forma natural, y por esta misma naturaleza, atrae a ciertos elementos y a otros los deja intactos.

Y es así como la curiosidad atrae a los iguales. Tan solo nos limitamos a desplegar nuestra propia personalidad de forma transparente y luminosa, poco a poco. Siendo simplemente nosotros mismos, atraemos a quien deseamos, a quienes tienen algo que enseñarnos.

Y soy feliz pensándolo, feliz por tener semejanzas con alguien tan especial como tu, por esa curiosidad que nos invita a compartir nuestros minutos, a regalarnos nuestros entusiasmos, a intercambiar nuestros mundos, a respirar mas despacio cuando estamos al lado, para que el tiempo detenga su ritmo poco a poco.

Y aquí estamos, quinientos cincuenta y un días después de aquel viaje en ave, seguimos como hojas que danzan al viento, atraídos por el magnetismo que nos une desde aquel instante.


1 comentarios:

Elena dijo...

En verdad que me conmueve muchisimo lo que escribes.

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