viernes, 13 de mayo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Artículo Primero

No bajamos al mundo para entusiasmar a nadie. Nuestros días en el mundo son para vivir nuestra vida en condiciones que nos hagan feliz. De la misma manera, todos los demás son libres de vivir como más felices puedan ser.

Partiendo de esta base, es imprescindible ser responsables de nuestros actos, capaces de responder por las condiciones en las que hemos elegido vivir. Tan solo hay una persona a la que le debamos todas las explicaciones del mundo, y esa es… ¿uno mismo?

No, ni siquiera tenemos que darnos explicaciones de nuestros actos si no queremos. No existe problema alguno en ser un irresponsable si es de ahí de donde obtenemos la felicidad. Sin embargo, a la gran mayoría de nosotros nos parece mejor saber porque somos como somos, y nos comportamos como tal. Porque quisimos más a mamá o papá, porque estudiamos ciencias o letras, porque nos enamoramos de aquella mujer y no de otra, que nos hizo quedarnos con aquel trabajo, o en aquella ciudad…

Pensamos que si nos conocemos a nosotros mismos seremos felices, pero, tal vez, cuando nos conozcamos como la palma de la mano, cuando estemos seguros de como somos y que decisiones tomaremos, cuando todo se reduzca a un camino en el que todo este decidido y solo podamos seguir adelante… en ese momento… ¿podremos estar en la certeza de que seguimos vivos?

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