jueves, 26 de mayo de 2011 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Pesadilla antes de follar

Un golpe seco nos anunció que la puerta se había cerrado. No importaba demasiado, no teníamos intención de mirar atrás.

Nuestra conciencia se había teñido de un gris nocturno, una oscuridad que no nos dejaba ver más allá de lo que aquella noche pasaría entre aquellas cuatro paredes. Nuestros impulsos tomaron las riendas de la escena, y las promesas comenzaron a colarse por la ventana y dar vueltas por la habitación.

Estábamos seguros de que nada más nos importaba en el mundo que ese instante que nos fue regalado para estar juntos, y fue entonces cuando las promesas nos arroparon.
Dijimos que no nos imaginábamos un mundo en el que no estuviéramos juntos, que no importaba nada que ahí fuera pasase mientras estuviéramos el uno junto al otro… Posiblemente nos olvidamos la sinceridad en algún lugar perdido de la realidad, quizás nos esperaba fuera para echarnos la charla.
Dejamos que nos guiaran sentimientos de una noche única, como si no hubiera un mañana cierto, y en aquel momento algo se torció súbitamente…

No sabría decirte cuanto tiempo pasamos allí, pero al salir al mundo solo quedaban ruinas de todo lo que fue. Nadie nos esperaba en aquel paraje desolador, solo nos teníamos el uno al otro.
¿Que pasó con el mundo real? Allí no estaba la realidad que recordábamos, o quizás los que habíamos cambiado éramos nosotros.
Entre aquellas ruinas encontré un espejo, y el otro yo que allí aparecía guiñó los dos ojos para siempre. En ese momento supe que las palabras son la perdición del ser humano, las promesas son trampas que algún día nos cogerán desprevenidos, para vengarse de la negligencia sentimental de la que abusamos.

3 comentarios:

aLmmuu.! dijo...

me encanto!!!! ^^
eres genial! siguee asi :D!
dios.. me senti muy identificada lo sabes! :)
UN BESAZOOOO!! QUIERO LEER MAS DE TI! SIGUEEE!!

R. A. dijo...

Muchas gracias por tu apoyo :)

Sara dijo...

Samu sigues sorprendiéndome con tus entradas...
Me he sentido identificada también...
Y siempre con ese halo intimista y sugerente!

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