lunes, 6 de enero de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

El mundo es mi cenicero

Me niego a ser una persona tranquila. No volverá a pasar. Me niego a seguir el sendero que el conformismo va dejando a su paso, donde, en la cuneta, puedes ver el rastro de los cadáveres que siguieron el camino ya marcado, y de los que ahora nadie se acuerda. No tienen nombre ni apellidos. No acabaré ahí.

Me niego a volver a sentirme un muerto depositado a orillas del mar. Otra vez no. Me niego a volver a coger un paraguas cuando llueve, ni a abrigarme si el hombre del tiempo ha dicho que hará frio. Me da igual. No volveré a colgarme de tus mejillas. No más paz de espíritu y conciencia, no volveré a dejar que mi vida este prefigurada por una estabilidad sin tensión ni sacrificio constante.

La vida no es un puto ajedrez. Aquí nadie está en igualdad de condiciones.



El mayor miedo que tenía era que hiciera su aparición la vida real y que la función se acabase. Ahora sé que voy a morir, de modo que viviré como si fuera inmortal.


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