miércoles, 25 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Grito de guerra de un nostálgico

La noche se ha colado por las ventanas inundando de malestar las paredes de mi casa. La noche nunca viene sola. Ha traído consigo los reflejos de su silueta bailando, arrasando con mi casa vacía, como un tornado en un desierto. Y sin embargo, hace un instante, desde mi balcón podía ver el horizonte besando a la ciudad, pero apenas duró un momento. Después, nada.

Suele ser a esta hora cuando encuentro las palabras que reconozco como mías, quizás sea porque el mundo se calla para mí. Esos instantes de lucidez en los que aprendo a pescar en el mar en el que estoy atrapado, y el hambre que tiene mi conciencia se calma como mejor sabe, devorándose a sí misma.


La noche me ha tatuado en la cabeza la mentira nº 1.000.000: “Te dijeron que eres especial. ¿Te acuerdas? No fuiste al único que se lo dijeron. Resulta que todos somos especiales. ¿Qué tiene eso de especial?”


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