martes, 14 de enero de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Vivir y olvidar a la vez son dos rutinas

Puedes levantarte de la cama tan optimista como desees. Y subir la persiana de tu habitación para dejar que la luz de la mañana te de los buenos días. Puedes tomarte un café y sonreír a tu familia. Puedes intentarlo si lo deseas. Y deberías hacerlo, desde luego. Si eres lo suficientemente dócil, puedes incluso engañarte a ti mismo y pensar que todo marcha bien. Pero nada más lejos de la realidad.

Seguimos siendo los mismos seres legañosos  y tristes que se montan en el ascensor todas las mañanas, y que evitan ver su reflejo, por miedo a que les diga la puta verdad. Aterrorizados por la simple vida, huimos del hambre, del frio, del calor, de las úlceras y de la soledad. Pero no llegaremos muy lejos. El mar nos impide seguir adelante.


No cambiamos de dueños, ni de opiniones, ni de calcetines. O lo hacemos tan tarde que no vale la pena. Hemos nacidos fieles, y explotaremos de fidelidad si es necesario. 


1 comentarios:

bittersweet dijo...

Me ha gustado mucho tu punto de vista, aun conociendo el defecto parece imposible la reparación. No sé si quieres aludir al panorama político o al social o a todo en general, pero desde luego es tu visión más realista y entera de tu manera de percibirlo. Un honor leerle, saludos

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