jueves, 22 de mayo de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Las pulsaciones del alma

Las calles están abiertas de par en par, llenas de gente con la boca abierta que habla y habla. Pero no dicen nada. Sus sordas palabras invaden hospitales y supermercados. Se deslizan por los adoquines, llegan hasta el fin del mundo. Y mueren sin que nadie las escuche.

Yo ando de puntillas entre vosotros. Con la boca cerrada, dejo que mis gritos se retuerzan en silencio en mi interior. Dejo que se vayan amontonando, hasta que no me dejen respirar, hasta que muera ahogado. Quizás sea una buena solución, o quizás de lo mismo.

Apago la televisión, apago la luz, apago al mundo, le doy a espalda a todo. Son demasiadas palabras.

Más allá de la oscuridad, aún con los pulsos de mi alma apagados, te veo. No necesito que me hables, puedo leerte a través de tus cicatrices. No es sencillo, muchos han muerto en el intento, entre palabras que no acertaron.


Es complicado de explicar con palabras, es frágil, corre el riesgo de romperse. Dejemos que pase y no nos preguntemos el porqué. Es mejor así. Siempre lo fue.


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