Imagino una plaza, coronada por un enorme árbol que creció
luchando contra las inclemencias, igual que ellos. Sin saber muy bien si lo
hacían bien o mal, si estaban cumpliendo sus sueños o solo veían el mundo
correr más y más rápido a su alrededor. Pero ahí estaban, como estamos todos en
medio de esta jauría de horas, minutos y segundos. Como estarán los que vengan,
si es que vienen.
Puedo imaginarme sus miradas prohibidas. Las ventanas
abiertas. Los arcos del triunfo riéndose de ellos. Veo que él está sentando en
un banco gastado por generaciones de imberbes atrevidos y pequeñas
declaraciones de intenciones. Y como ella se acerca a él por el camino de
piedras ocres, sucias, muertas. Con la ilusión que produce la ignorancia y el
desconocimiento de lo que está por venir. Todo es perfecto antes de saber, de
conocer. Todo es perfecto cuando es inventado.
Están empezando a crear algo. Noviazgo, matrimonio, niños,
hipoteca, gritos, platos contra el suelo, portazos y lagrimas que se escapan
por el balcón, y soledad. Maldita soledad. Y él sabe que la querrá para
siempre, y ella que nunca haría nada que le pudiera molestar. Pero lo que no
saben es que son dos estúpidos críos que están a punto de joder sus vidas.
Ojala pudiera estar allí, y decirle a él que pare este
desastre que está a punto de desatar. Que jamás saldrá bien y que solo traerá sombras
y mierda a su alma. Que nunca podrá cumplir sus sueños. Y que sus metas
quedarán encarceladas junto a él en una casa sin esperanza de resucitar. O
acercarme a ella y decirle que hará cosas que jamás creería que sería capaz de
hacer, maldades dignas de aquellas chicas a las que siempre criticaba, daño a
quien más quiere. Que no será amada y poco a poco olvidará lo que significa
sentirse protegida. Que él será todo lo que odia de un hombre, y que deseará
desaparecer. Ojala pudiera decirles a ambos que el amor nunca estuvo allí donde
ellos creyeron encontrarlo.
Pero ahora no se puede hacer nada. El pasado está escrito con
fuego y no se borrará. Tan solo me queda fantasear. Eso es lo que me queda.
Fantasear. Ellos debieron esperar a que estuvieran listos para empezar. Aunque,
no sé, quizás nunca se esté listo para empezar.

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