domingo, 7 de septiembre de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

La vida no es un lugar seguro

Imagino una plaza, coronada por un enorme árbol que creció luchando contra las inclemencias, igual que ellos. Sin saber muy bien si lo hacían bien o mal, si estaban cumpliendo sus sueños o solo veían el mundo correr más y más rápido a su alrededor. Pero ahí estaban, como estamos todos en medio de esta jauría de horas, minutos y segundos. Como estarán los que vengan, si es que vienen.

Puedo imaginarme sus miradas prohibidas. Las ventanas abiertas. Los arcos del triunfo riéndose de ellos. Veo que él está sentando en un banco gastado por generaciones de imberbes atrevidos y pequeñas declaraciones de intenciones. Y como ella se acerca a él por el camino de piedras ocres, sucias, muertas. Con la ilusión que produce la ignorancia y el desconocimiento de lo que está por venir. Todo es perfecto antes de saber, de conocer. Todo es perfecto cuando es inventado.

Están empezando a crear algo. Noviazgo, matrimonio, niños, hipoteca, gritos, platos contra el suelo, portazos y lagrimas que se escapan por el balcón, y soledad. Maldita soledad. Y él sabe que la querrá para siempre, y ella que nunca haría nada que le pudiera molestar. Pero lo que no saben es que son dos estúpidos críos que están a punto de joder sus vidas.

Ojala pudiera estar allí, y decirle a él que pare este desastre que está a punto de desatar. Que jamás saldrá bien y que solo traerá sombras y mierda a su alma. Que nunca podrá cumplir sus sueños. Y que sus metas quedarán encarceladas junto a él en una casa sin esperanza de resucitar. O acercarme a ella y decirle que hará cosas que jamás creería que sería capaz de hacer, maldades dignas de aquellas chicas a las que siempre criticaba, daño a quien más quiere. Que no será amada y poco a poco olvidará lo que significa sentirse protegida. Que él será todo lo que odia de un hombre, y que deseará desaparecer. Ojala pudiera decirles a ambos que el amor nunca estuvo allí donde ellos creyeron encontrarlo.


Pero ahora no se puede hacer nada. El pasado está escrito con fuego y no se borrará. Tan solo me queda fantasear. Eso es lo que me queda. Fantasear. Ellos debieron esperar a que estuvieran listos para empezar. Aunque, no sé, quizás nunca se esté listo para empezar.


0 comentarios:

Publicar un comentario