jueves, 25 de septiembre de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Un trozo de papel con olor a sudor de fábrica

Que no. Que la vida no es un ente con un objetivo para ti, ni pretende enseñaros nada. La vida no te putea, no te da lo que te mereces, sea bueno o malo. A la vida se la suda que aprendas de tus errores o te sientas mal porque tu moral te condena. A ella le da igual que te mate un camión o tropieces con la misma piedra una y otra vez. La vida no ha preparado un astuto plan para que el sacrificio te lleve a lo más alto, o para que cuando tu novia te deje, aprendas una valiosa lección. La mierda te envolverá una y otra vez, y te aseguro que no aprenderás nada de ello.

Y es que todos tenemos los mismos problemas, aunque nos creamos diferentes a los demás, tenemos más bien poco de originales. Somos todos la misma mierda que danza para arriba y para abajo mientras nos reímos con la boca abierta y dejamos que se nos vean las caries allá donde vamos.

Y mientras empujo el traspalé de una punta a otra del almacén pienso en mis otras vidas y  me pregunto porque no soy yo un afamado pianista o un juez de los que luchan por las jodidas causas justas, aunque no me importen. Porque no robaba bancos, o, simplemente, no hacía nada. Solo preocuparme de mantener la nevera llena de cerveza y de que las pulgas no invadieran mi cama. Porque no podía ser simplemente una parte más de la inmensa nada que ahoga y afloja, y así otra vez.


Y si la vida no quiere nada para mí, que alguien me explique qué importancia tiene ser un hombre de éxito o lamentarse bajo un techo con goteras. Si alguna de las dos opciones me rescata de la cobardía y la monotonía, que venga aquí y llame a la puerta. Estaré despierto hasta tarde.


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