lunes, 19 de diciembre de 2016 | By: Samuel Rodríguez Alonso

ALGUNAS MUJERES SON MÁS GRANDES QUE OTRAS

Algunas mujeres son más grandes que otras, y la mayoría de los hombres no se dan cuenta. Ellos las siguen tratando como a las demás, sin percibir que podrían aplastar las murallas de tu castillo con pocas palabras.

Las puedes ver pasear por los parques; se ven solas, aunque vayan acompañadas. Otras están en casa esperando a que se cuezan las judías, mirando el extractor de la cocina, pensando en Dios sabe qué. A veces están sentadas detrás de una mesa firmando papeleo. Otras veces van corriendo con la mochila en la mano porque llegan tarde a clase.

Puedes ver en su mirada que vienen huyendo de aquellos que mataron a Lorca, de los choques de autopista y de las etiquetas prediseñadas. Sólo riegan las rosas que tienen espinas y sus bocas saben a vinagre. Caminan por las veredas en pleno verano, devolviendo la sonrisa al Sol con el ímpetu de mil dioses, aunque estén tristes.

Cambian a menudo de parecer y se contradicen a sí mismas. Muchos de nosotros nos desesperamos intentando encontrar grietas en su soledad por las que entrar y echar un vistazo al interior. Sabíamos cómo eran ayer, pero no sabremos cómo serán mañana.

Han venido a parar a nuestras ciudades por un golpe de viento del norte y traen poesías imposibles como rehenes en sus corazones. Cuando las noches se echan a perder y solo oigo chorradas por aquí y por allá, cuando la Luna se avería y anuncia que es hora de volver a casa, es cuando más pienso en ellas.


Sus bocas queman de forma sobrenatural, y hay tantos y tantos que huyen despavoridos al rozar tal sensación, que ellas ya no saben a dónde ir. Supongo que, si nosotros seguimos sin diferenciar a las mujeres grandes de las demás, se irán a vivir con los marcianos. Lejos de aquí, allí donde encuentren a quien les entienda.

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