viernes, 18 de julio de 2014 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Enfermo de soledad

Amanezco. Más muerto que vivo. Será por las copas de más que tome anoche. Será por el vómito que deje al lado de la taza, que me mira con desaprobación. Incluso él me juzga. Lo veo lógico, en estos momentos, es más persona que yo.

Mi estómago se ha dado la vuelta para no mirarme más. Joder. La ceniza invade mi habitación, ha conquistado su territorio en medio de esta pequeña muerte que sonríe cuando me miro al espejo. Bravo, lo has vuelto a conseguir: me odio.

Si tengo que ser sincero, siempre me quejo de la falta de compañía, pero si tengo que ser más sincero aun, no quiero compañía ninguna. Porque os odio. A todos.

Porque soy un crío que juega. Juego a que quiero tu teléfono. La gran aventura de ir a la discoteca y gustar a una persona en tan solo dos minutos. ¿Te has fijado en mí? Estupendo. Es como buscar en la basura un poco de cariño que alguien tiro porque le sobraba. Recogerlo y usarlo hasta que se gaste. Y dura eso, dos minutos. Después vuelves a mirar y no queda nada. Porque no te llamaré jamás. Ni tú quieres que te llame. Eres tan víctima como yo de este crimen desalmado de indiferencia indiscriminada.

Hace ya mucho tiempo que se terminaron mis ganas de comerme el mundo. Porque querido, tú no le gustas a nadie. Eres feo y tu madre te viste mal. Pero has visto en los anuncios de televisión que tienes que sonreír, sonreír siempre. Es la única manera de que alguien se fije en ti. Y no os voy a engañar, alguna vez sonrío con fuerza. Sonrío porque ella, una vez, me dijo que era el mejor. Y ella era como Cleopatra incitando a Julio César a conquistar el mundo, sabía convencerte. No sé cuántas veces podré recordar aquello y sentirme el hombre más fuerte del mundo, pero mientras pueda, seguiré repitiéndomelo.

No me juzguéis. No soy un iluso. Todo lo contrario. En el fondo de este pozo de mierda en el que vivo veo la terrible verdad que me atormenta por la noche y desayuna conmigo a la mañana siguiente: No hay sensación más dolorosa que la de ver como otro hace feliz a la persona que amas.

Y así es como esto terminará. Esa será la frase que pondrán en mi lápida. Mientras tanto, me seguiré engañando como mejor pueda.


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Te podría decir que es uno de los blogs que más me han gustado, de los muchos que me he leído. Lo relatas de tal forma que te sumerges en cada texto.
Felicidades!

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