martes, 10 de diciembre de 2013 | By: Samuel Rodríguez Alonso

El soñador que no sueña

Dormir para apaciguar al alma silenciosa que deja escapar fragmentos de lo que antes era una vida. Dormir para no ver lo que pasa fuera, para no sentir lo que pasa dentro. Caer al infinito de espaldas, sin mirar, y dejar todo pasar. Cuando estas dormido todo se olvida.

En ocasiones, los sueños aprovechan tu debilidad para jugar contigo al depredador y la presa. Pero lo importante no es correr más que quien te persigue, sino correr más que las demás presas. Salvar tu piel una vez más. Como si fuera la última vez, o la primera.

Quizás, lo más dulce de dormir sean esos segundos justo cuando te despiertas, y no recuerdas donde estas ni cómo has llegado allí. Apenas un instante en que no sabes si el sueño era realmente la realidad, que no sabes que problemas tenías antes de dormirte.

Dormir para perderle tiempo a la vida. A veces puede ser ganar.


Ahora quiero dormir.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

Justo anoche tuve un sueño que parecía tan real, y también huía. En algunos sueños se refleja lo que en la realidad sucede pero incrementado el doble. Me desperté justo 10 minutos antes de que sonara mi despertador. Y menos mal, porque esta vez no quería seguir durmiendo, de hecho ni podía. Si cerraba los ojos la pesadilla continuaba...

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