martes, 14 de septiembre de 2010 | By: Samuel Rodríguez Alonso

Envasado al vacío

Pensé que te había visto sentada en mi mesa, bebiendo de mi copa, pero fue solo un espejismo, ella no eras tú. Ella estaba cerca, tan cerca que las paredes se mojaron, pero mis posibilidades llegaron a su fin cuando le pregunté, de forma terriblemente cortés, si la podía llamar por tu nombre...
Esa noche alargué mi regreso a casa, ya que los atajos se habían vuelto en mi contra opté por el camino más largo, para escuchar los consejos que la carretera guardaba para mi.

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